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lunes, 23 de marzo de 2020

Mellon


Esto sólo tiene sentido habiendo leído antes el artículo de Paula Rivera Donoso, en Vagalumbre "Di amigo y entra: una discusión de la obra de J.R.R. Tolkien como portal de entrada a la Fantasía"

O quizás ni así, qué se yo.

Nota 1. Sobre lo de Atterbery: no tuve aún el gusto, porque no pude encontrar el texto ni para comprar ni para bajar por parte alguna. Es uno de varios clásicos con los que estoy teniendo este problema.
De cualquier modo, de la cita que el artículo refiere me llama muchísimo la atención que use justo a Frye para meter a Tolkien en una categoría de bolsa de gatos, justo Frye que teorizó tan bien el romance al que el autor claramente responde según su teoría general de los modos.

Nota 2. Tal vez sea el hecho de que llegué tarde a Tolkien, y de que tuve un ingreso rarísimo a la fantasía. Crecí consumiendo otras especies de relatos épicos y de aventuras, y llegué a JRRT ya con la Ilíada, la Odisea, la teoría de la literatura de los formalistas rusos y algo de Derrida encima. Con lo que en esa primera visita, recuerdo (y registré entonces, en alguna parte están las notas de lectura de esa época) haber visto más las líneas de continuidad que las de ruptura. Me pareció una reelaboración simpática de temas, y tardé mucho tiempo en darme cuenta de la cantidad y calidad de hilos que bordan esa trama, y el caracter fundacional que reviste para la fantasía y la imaginación fantástica como se reinventó en el siglo XX. Tal vez sea por eso que pude siempre pensar la fantasía desde afuera de la sombra de Tolkien: el portal estaba ahí y salté por la ventana. Pero por esto siempre tuve algunos problemas para entender a la gente que se queda en Tolkien, que no lo ve como un nudo más en un árbol lleno de ramas. Un nudo que puede adivinarse por las volteretas de todo lo que hay alrededor.

Nota 3. No creo que Tolkien sea ajeno a lo formulaico y lo tópico. Mucho menos pienso que él haya sentido lo formulaico como algo malo en sí. Ante todo Tolkien es un medievalista, alguien muy consciente de que el arte vive en la variante, y la variante sólo existe donde tiene un marco formal. Fue un formalista. Ahora bien, entiendo que buena parte del acervo tópico de la fantasía berreta actual no viene sino superficialmente de Tolkien, y hunde raíces en una literatura de aventuras anterior, de la que Tolkien participa muy de refilón: los Stevenson, los London, los Verne (incluso los Swift) del canon de aventuras. La fantasía formulaica actual se parece más a La Isla del Tesoro con elfos que a las fórmulas (presentes, pero otras) que usó Tolkien.

Nota 4. No sabía lo de Schwab. Qué bochorno.

Nota 5, pregunta para Paula: ¿Ya leíste a Marie-Laure Ryan?

Nota 6. "En tiempos en los que tanto aficionados como académicos suelen concebir a la Fantasía como una literatura meramente comercial, escapista y divertida" - agregaría: "como autores". Vaya si hay mercenarios en este regimiento.

Nota 7.
Ser o que penso? Mas penso ser tanta coisa!
E há tantos que pensam ser a mesma coisa que não pode haver tantos!
Génio? Neste momento
Cem mil cérebros se concebem em sonho génios como eu,
E a história não marcará, quem sabe?, nem um,
Nem haverá senão estrume de tantas conquistas futuras.

domingo, 28 de junio de 2009

Spooools


un elemento que se le perdió a Sam B. sobre las cintas de Krapp es la tendencia que tienen los rollitos a enredarse, a que se les quiebren los soportes, a cortarse, a desmagnetizarse, a convertirse en registros deshilachados de un pasado que parece mucho más arcano que el de las fotos y el de la memoria, espectro ruidoso de seres que no están, o que nunca más volverán a ser



vaya a saber qué resonancias tiernamente siniestras se nos estarán perdiendo cuando pensamos en estos medios técnicos que nos lanzamos a usar cuando escasamente sabemos en qué se convertirán cuando vengamos a buscar sus viejos huesos

jueves, 18 de junio de 2009

Para salir de Devoto

(Post intrascendente. El que avisa no es traidor)

En el colectivo de vuelta de mi última visita a la cárcel de Devoto (en este contexto), con un cansancio infinito que no parecía venir de ninguna parte reconocible, tomé dos decisiones que debí haber tomado hace tiempo: es hora de que me resigne a no seguir con Latín y con Francés este cuatrimestre. Es obvio que mi cursada de oyente de Latín III no está funcionando, no puedo ir nunca y ya perdí registro de lo que sea que esta gente pueda estar dando hace un par de semanas. En todo caso veré de pedirle a una conocida que me preste sus notas como para intentar reintegrarme en el segundo cuatrimestre, con otra agenda y otros tiempos. Y Francés, bueno, la macana es que llegué hasta acá y que pagué dos cuotas, pero lo cierto es que ya de por sí me tengo que ir antes vez por medio, así que mi par de ausencias por enfermedad derivó en que estoy bastante perdida. Sé que si me pusiera y convenciera a la profesora de que me tome el examen igual paso de nivel, pero también sé que eso no sólo implicaría hacer uso de un tiempo del que no dispongo, sino que además desaprovecharía bastante el curso, lo que sería una verdadera pena.
Por el momento, entonces, será cuestión de juntar fuerzas para terminar ese primer borrador manuscrito (el primero de corrido y más o menos coherente, las ideas centrales del trabajo que empiezan a tomar forma) de monografía beckettiana que me espera en el escritorio de al lado, antes de que termine de saturarme con el tema. Históricamente aligerar cargas dejando las cosas que me sirven como cables a tierra nunca me ayudó mucho (lo hice unas pocas veces, con resultados diversamente desastrosos), así que no puedo sino esperar que esta vez sea una excepción.

lunes, 15 de junio de 2009

En pedazos

Si hay una imagen capaz de evocar la sensación que me produce el proceso de redacción de una monografía, esa es la de un juguete que tuve en mi infancia noventosa: la Despelota.
El planteo de una pre-hipótesis, entonces, vendría a ser equivalente al momento de adquirirla: armadita, una bolita de colores, perfecta y sólida bajo la irrealidad del plástico que la protegió en todo su camino hasta las manos de quien se atreve con ella. Hermosa y coherente en su aparente simpleza, más sólida y más cerrada que un rompecabezas cualunque y menos amenazante que un cubo mágico.
Entonces, un buen día, uno se compra la hipótesis-despelota, se la lleva a su casa y la desempaca. Y la coherencia se deshace en gajos de colores. Es la perplejidad desesperante del proceso previo a la redacción: ¿qué se supone que haga con todo eso? ¿No se me habrá caído algo abajo de la cama, no? O también, ¿no sobran piezas acá? Uno mira, mira, manipula las piezas que de golpe se convierten en seis enemigos, parece que a la bolita bonita de la juguetería uno no la va a ver nunca más, y hasta surge la fantasía de tirar todos esos pedazos de porquería a la basura, pero a falta de mejores juguetes uno sigue, insiste, piensa, mira y remira, prueba algunas piecitas juntas que se desarman entre los dedos sin durar más de dos segundos puestas.
Así, por ejemplo, la correspondencia Beckett-Schneider es un hermoso gajito verde, que se balancea al lado de los comentarios blancos de Billie Whitelaw, cruzados descuidadamente con la alegría negra de la directora JoAnne Akalaitis porque el viejo se había muerto y eso le mejoraba las chances de volver a conseguir permiso para representar una de sus obras. Y al lado, un par de artículos variopintos, el rango que va desde una hermenéutica bien enrojecida a comentarios azulados por falta de aire en el cerebro.
Y entonces uno sabe que comienza a tratar de armarla, pero vaya a saber cuándo se podrá estar en condiciones de volver a ver la bolita entera, y seguro que no va a quedar con la misma disposición de colores que tenía en el embalaje, pero no importa, ¡mientras se sostenga! Pero se resiste, se resiste.
Y encima uno sabe bien también que el día que la termine, con un poco de suerte, va a rodar y a parecer sólida de vuelta. Hasta que alguien la deje caer al piso.
O hasta que el movimiento normal del olvido al que uno la mande la desarme, y dos o tres años después uno se quede mirando, perplejo, los cinco pedacitos de pelota en el fondo de una caja y se pregunte cómo se sostuvo eso alguna vez, y adónde cuernos habrá ido a parar el gajo amarillo que no aparece por ninguna parte.

jueves, 11 de junio de 2009

Perlitas de la correspondencia Beckett-Schneider



"I'm afraid I don't know when life begins. I'm still waiting, personally." - Sam B.



"I dream sometimes of all German directors of plays with perhaps one exception united in one with his back to the wall and me shooting a bullet into his balls every five minutes till he loses his taste for improving authors." - Sam B.



"Jean sends her love, also Vicky.
Also our four goldfish named Hamm, Clov, Nell and Nagg." - Alan S.

domingo, 24 de mayo de 2009

Audio

(post no apto para cualquiera)

Una tarde entera sentada en distintos puntos del parque Rivadavia. Lo que puede escucharse abajo hay que imaginarlo en contexto: uno de los pocos bancos con sombra a las 3 pm, una señora de unos setenta y pico con un changuito con libros (en algún momento me comentó con entusiasmo que acababa de comprarse una novela sobre unos castratti) y un promotor del Shopping Caballito, que se acercó a promocionar actividades para la tercera edad. Yo, mientras tanto, intentaba leer un libro sobre puestas de Beckett. Vaya combinación oportuna.
Grabé un fragmento. Me arrepentí un poco de haber cortado la grabación, lo más interesante vino después, con el comentario sobre el desalojo de la Huerta Orgazmika. La que de tanto en tanto canturrea un poco, si les alcanza el oído para escuchar eso, soy yo. 


sábado, 23 de mayo de 2009

A full fortnight's agony

Bien, ya entregué y defendí mi monografía sobre A tale of two cities para Literatura del Siglo XIX. Todo se resolvió con una tarde de nervios, una página en la libreta y ocho centésimas más para mi promedio, que empieza a lucir más o menos decente. 
Quedan dos monografías más. Las dos de seminarios. Tal vez debería tomarle la idea a esta muchacha, pero me gusta demasiado dejar a mi ello sueltísimo. Y no suelo robar ideas ajenas muy seguido.
Igual no voy a perder la posibilidad de torturar a mis cinco lectores con las sobras de mi trabajo académico. Por lo que estoy viendo, es muy probable que, a diferencia de lo que ocurrió con Dickens, caiga una cantidad significativa de material semidescartable al blogcito: por una parte, Beckett tenía un sentido del humor más retorcido, y una tendencia al fragmento suelto que Dickens nunca tuvo. Por otra, mi monografía dickensiana era un trabajo muy organizado y puntual, casi desde el principio, pero para la beckettiana tendré que andar un poco a tientas y encontrar mi camino a los tumbos. Creo que en una quincena, o tres semanas como mucho, tendría que poder entregarla y dedicarme a la última, un trabajo sobre Chrétien de Troyes que haré con mucha más calma, y probablemente en mucho menos tiempo.

Por hoy, entonces, la primera entrega de restitos:

Un video de una representación alemana de Quad. No lo encontré entero en ningún tubo (esto es apenas la mayor parte del Quad 1, falta el remate de este y el 2, que a mí me gusta un poquito más), pero alcanza para notar lo importante: un concentrado de la obsesión de Sam B. con el espacio y el ritmo. Es muy probable que base buena parte de mi monografía en esto.





Como frutilla de postre, un comentario que le hizo Beckett al director Alan Schneider en una carta, allá por 1957:

"I should make it clear that I want Endgame, too short (one hour and a half) to provide a full evening's agony, to be followed in NY by the mime* (20 minutes), and not by another short play by someone else"


* O sea,  Act without words I