domingo, 23 de agosto de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009
Ortografía o la grafía del ... - Segunda entrega
Verseó
Lupe
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9:28 p.m.
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viernes, 26 de septiembre de 2008
Releyendo para retomar
-Fragmento de La Manada con el que todavía, mucho tiempo después de haber garabateado su versión original en un cuaderno, sigo bastante contenta-
La caza de hadas es una tarea harto complicada: primero hay que concentrarse y visualizarlas, armar su pequeña constelación en las motas de polvo que bailotean en la luz solar que entra algunas tardes formando un prisma irregular entre la ventana y el piso. En casa nada más puede hacerse en el que ahora va a ser su cuarto, y únicamente en otoño, que es cuando la luz entra directa por la ventana que da al patio de los Rustre, porque cuando entra por el balcón del comedor o por las ventanas de Alba es demasiada, y a las hadas tampoco les gusta acercarse a los vitrales del pasillo, supongo que porque la luz de colores las debe apagar un poco. Ni hablar del patio: aún cuando abriésemos el toldo (que sólo Dios sabe lo que podría caer de ahí arriba), dudo mucho que las hadas puedan sentirse bien al aire libre.
Al principio es un poco difícil encontrarlas, dejar por un momento de ver la tierra, no distraerse con los trastos viejos o con los contoneos de Merlín que se aburre y trata de atrapar una laucha imaginaria. Una vez que se ve la forma (una punta de un pie, por ejemplo) van apareciendo muy rápido, con una nitidez sorprendente, hasta tomar color y volverse completamente corpóreas. Entonces llega la parte más difícil, porque si bien no se corren del sol son terriblemente rápidas, y pueden estar un buen rato burlándose con movimientos extraordinariamente violetas o verdes de uno, yendo de la ventana al piso o formando torbellinos de luz irisada, volando en espiral dentro de la pecera lumínica. Y además un hada no es una laucha, hay que tratarlas con cuidado porque las alas son frágiles, y con relativa facilidad, con la mejor de las intenciones, uno puede terminar rompiendo una pierna o un bracito delgado, cosa que absolutamente nadie tiene derecho de hacer.
María aprendió todo esto con notable rapidez, una tarde mientras esperaba a Bita que se había ido vaya uno a saber dónde. Yo la invité con bastante ceremonia, y ella se limitó a preguntarme cómo se hacía, con simpleza, demostrándome que después de todo no me había equivocado. A mí me había parecido verla un poco triste, y supuse que cazar un par de hadas podía llegar a ser de ayuda. Por lo menos a mí siempre me sirve. Y valió la pena, las hadas parecen aparecer más fácil con ella cerca. Debe ser que se les parece demasiado.
Verseó
Lupe
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7:56 p.m.
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Entrega: 31 de febrero
¿Por qué me costará tanto terminar de escribir todas aquellas cosas para las que no tengo fecha de entrega?
Verseó
Lupe
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7:07 p.m.
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jueves, 3 de abril de 2008
Ortografía, o la grafía del...
Hay que reconocer que quienquiera que haya armado el corrector ortográfico de Word tuvo su cuota de sentido del humor:
Bueno, si le creemos a la RAE alguien debe existir que la escriba así. Igual, me parece que es necesario haber consumido el líquido en cuestión para ello.
Verseó
Lupe
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12:02 a.m.
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domingo, 2 de septiembre de 2007
Un universo propio
a woman must have money and a room of her own if she is to write fiction
Me di por vencida, por primera vez desde que (mientras escribo esto: "decíme cuando pueda chequear mis mails") empecé a pasar los caóticos borradores manuscritos de la novela que estoy tratando de terminar ("¿viste el quitaesmalte y el cortauñas?") con la máquina. No hay caso. Cuando la cosa se me complica necesito ver las cosas en un papel, poder tachar, anotar, hacer enchastres. Me dispuse a imprimir las 92 páginas que llevo pasadas, que corresponden a las líneas centrales que llevan el relato (el mp4 que tengo que usar para no escuchar a las cohabitantes de la casa bufar por lo que escucho, que está fallando y tengo que cambiar esta semana, empieza a andar en mono, y hace falta golpearlo un poco); hay que aclarar que todo lo que tengo que pasar son textos y episodios intermedios, una inmensa cantidad de ellos. Mientras la impresora escupía páginas en calidad borrador, mi benemérita madre me vio fuera de la silla y entró a usar la computadora. La impresión, por error mío, falló. Tuve que esperar a que ella hiciese una pausa. Con la máquina lenta por un disco demasiado lleno y una ridícula cantidad de ventanas y programas abiertos, todos en uso por alguna de las tres, volví a imprimir lo fallado, y me dispuse a hacer las tareas de reordenamiento y corrección que quería. La computadora fue rápidamente ocupada de nuevo.
(Conversación lenta, detrás, sobre temas banales, no del mejor de los humores, ninguna de las tres lo está)
Intenté volver a la máquina. Esperé largo rato a que la máquina se desocupe. Me senté. "¿Qué querés comer?" "No sé, decidí vos". Una línea. Dos. Tres. Una corrección. "¿No me llegó nada?" "No" "¿No me cerraste el messenger, no?" "No". Cuatro. Una corrección. Dos. "¿Pero no escuchabas que te estaba hablando" "Perdón, no, me estabas hablando desde la cocina, así no escucho" "No escuchás cuando no te conviene. Dejá, ya bajé la basura yo". Puta madre, me perdí. Adónde iba. Ah, sí, era por acá. "Pero no me dijiste qué querés comer" "Me adapto, lo que quieras vos, que tenés más problema". Discusión de cinco o diez minutos. Vaya uno a saber por dónde iba. Di un rápido manotazo a mi mp4 (al lado mi hermana me mira, y se pasa una mano por el cuello; se da vuelta y se va, pero no se aleja mucho) y me tuve que ir a trabajar a la cocina. Volví. Mamá en la máquina. Teléfono. Para ella. Raudamente ocupé la máquina. Me puse a escribir este post a las apuradas. Salió mi hermana de bañarse.
No alcanza con un cuarto propio. Eso, aunque parezca mentira, lo tengo. Hace falta mudarse de universo.
Verseó
Lupe
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11:13 p.m.
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domingo, 26 de agosto de 2007
Materia Scriptoria
El problema resulta, entonces, del hecho de que no todos los papeles, parece, son aptos para lapiceras de pluma. Uno tendría que poder preguntar: Disculpe, señor, ¿usted sabe si éste es apto para lapiceras de pluma? Pero inmediatamente vendría la mirada que no necesitaría palabras para comunicar el otro interrogante: Disculpá, piba, ¿vos de qué planeta saliste? Y por supuesto, los cuadernos no vienen con una etiqueta que avise: Ligeramente resistente a las tintas líquidas.
La solución, entonces, parece ser comprar un cuaderno de cada tipo. Invariablemente alguno de ellos va a tener el papel menos poroso, la tinta va a fluir mal, se va a entrecortar, va a hacer falta mojar la pluma de la lapicera con el carucho para que chorree un poco y funcione decentemente. Una vez cada quince minutos. Y encima hay que elegir bien la tinta. Porque, vaya uno a saber por qué razones físicas que no quiero indagar, hay tintas que corren más fácil que otras. Tinta Sheaffer verde con un cuaderno Mis Apuntes, por ejemplo, parece la combinación de materia scriptoria elegida por Satanás para castigar a los escribientes condenados al martirio eterno. O mejor todavía, imagino una cámara infernal en la que un profesor lanza datos como una máquina, hace un frío atroz y es totalmente necesario tomar notas con esa combinación maldita, porque los desgrabadores brillan por su ausencia.
Bah, para qué digo que lo imagino. Ya estuve ahí.
Verseó
Lupe
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12:13 a.m.
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domingo, 15 de julio de 2007
Post fallido
La idea de hoy para hacer un post de sábado a la noche era torturar a mi acotadísimo círculo de lectores con un borrador de canción en proceso, en grabación casera. Agradézcanle a un berrinche de mi audacious Audacity, que se empacó y me dejó con el pescado sin vender.
Dejo esto por hoy, y mañana si mi computadora está de mejor humor (juro que me vendieron un experimento de inteligencia artificial, este bicho tiene voluntad propia) volveré y seré canciones.
Verseó
Lupe
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12:31 a.m.
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miércoles, 23 de mayo de 2007
Tú / vos / usted / eh, sí, oh mi digno interlocutor a quien me dirijo en este acto solemne
El problema son los diálogos.
¿De qué se supone que se hablan los personajes de una sociedad inexistente, escritos por una argentina? Pucha. No de tú, no puedo sentirme cómoda escribiendo una escena de bastante densidad dramática entre gente que se conoce de toda la vida en tú sabes, si a tí te parece. No, no, no, no. A Oesterheld le habrá salido poner en Baires gente tuteándose, pero era otro momento, a mí me cuesta ponerlos en las costas hipotéticas que escribo. Pero se supone que esta gente habla otra cosa, no castellano. Menos rioplatense. Entonces ¿qué? ¿Vos? ¿Deschavada total de la nacionalidad de la escribiente? ¿O qué? ¿O es que no se puede escribir un fantasy en Argentina? ¿Cosa facciamo?
Por el momento, doy rienda suelta a la libertad del borrador manuscrito y escribo en una versión un poco estilizada, si tengo que decir la verdad, de mi lengua de calle. No puedo concentrarme en otra como hace falta. Y puteo mis escrúpulos, mi no poder terminar de sentirme cómoda rompiendo una convención, en un escrito que probablemente no deje nunca mi computadora, si es que llega a ella.
Verseó
Lupe
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1:31 a.m.
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miércoles, 9 de mayo de 2007
Abajo del polvo y adentro de morrales viejos
Es distinto lo que pasa con los textos muy viejos que sí se recuerdan. Actualmente reescribo sobre la trama y personajes base de algo que hice hace cosa de diez años, que a esta edad son una eternidad. Y lo extraño es que recuerdo muy bien el proceso de escritura de entonces (llevé cuidadosas notas, pero cuando las hojeé noté que no hacían falta, que las tenía en la cabeza), los problemas con los que me enfrenté, los que creí enfrentar y los que no vi nunca. Releyendo las páginas viejas, las imágenes, los fragmentos de sueño son propios, pero las palabras son ajenas. Infinitamente ajenas.
Verseó
Lupe
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8:34 p.m.
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