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lunes, 16 de noviembre de 2009

El espanto



Él y sus animales entraron en su casa. Transido de miedo, quieto, sin un sonido, su corazón se turbaba, nublado su rostro. Pues el pesar había entrado en su vientre. Su cara era como la de un viajero llegado de lejos.
—Epopeya de Gilgamesh, t1-II

Nadie ve a su prójimo, no puede reconocerse la gente desde el cielo. Los dioses se aterraron del diluvio y, retrocediendo, ascendieron al cielo de Anul.
Los dioses se agazaparon como perros acurrucados contra el muro exterior. Ishtar gritó como una mujer en sus dolores, la señora de dulce voz de los dioses gime:
"Los días antiguos se han trocado, ¡ay!, en arcilla, porque hablé maldad en la Asamblea de los Dioses. ¿Cómo pude hablar maldad en la Asamblea de los Dioses, ordenar batalla para la destrucción de mi gente, cuando yo misma di a luz a mi pueblo? ¡Como el desove de los peces llena el mar!"
Los dioses Anunnaki lloran con ella.
—Epopeya de Gilgamesh, t11



miércoles, 23 de septiembre de 2009

Alta Barda (Neuquén I)



Venía caminando, tranquila y cansada, con G. Era nuestro primer día en una ciudad desconocida, nos aventurábamos a buscar nuestro albergue solos con un mapa y un número nada desdeñable de indicaciones orales (nos habíamos separado del contingente bastante pronto) y nos corría el reloj, porque se suponía que yo expusiera mi ponencia un rato más tarde.




En ese contexto llegamos al barrio Alta Barda. Yo miré, me detuve en seco y di un paso hacia atrás. Bonito, repetitivo como suelen serlo los barrios creados con planes sociales, y sede de una serie de pesadillas mías en el año 2006.




Es que mis pesadillas van por series, como mi pobre producción poética: cuando algo en mi experiencia cotidiana no funciona, suelo soñar una y otra vez variaciones sobre los mismos motivos, los mismos ambientes y más o menos la misma estructura narrativa. En un crescendo que hace que paulatinamente los sueños pasen de interesantes a insoportables, y tenga que buscar alguna forma de deshacerme de ellos. Normalmente, implica escribir algo que podría haber sido una versión prolija de un sueño de la serie.
Con el que coincide con estos paisajes de Alta Barda nunca lo hice, simplemente dejé espontáneamente de soñar con las peatonales de casas bajas con escaloncitos y eventuales rejas de alambre tejido. Tal vez por eso me haya chocado tanto encontrarlas en la realidad.





Al menos un par de días más tarde el campus de la universidad de Comahue me regaló un trébol mutante de cuatro hojas. Como para compensar a mi atareada superstición.

viernes, 19 de junio de 2009

Proverbios flamencos - Brueghel

Uno de esos cuadros que obligan al que lo mira a tener ojos infantiles. Es algo que pasa muy a menudo con Brueghel el viejo, sus cuadros tienen algo de travieso, algo del exceso con el que la mirada de un chico solo y aburrido puebla el mundo, que no tiene nada que ver con la inocencia ni con el consumo, esos dos monstruos que quieren pasar por niños.

(click en la imagen para agrandar)

Para quienes no lo conozcan de antemano, todo el cuadro (en serio, todo) es una representación de imágenes literales de dichos. La mayor parte ya son irreconocibles para nosotros, pero si miran bien hay un par que se usan en castellano hoy en día.

sábado, 6 de junio de 2009

Porca miseria

El Village Caballito hoy parecía la tapa de una revista de actualidad barata: hordas de Cumbio wannabes por todas partes hablaban a los gritos y se detenían en grupitos chicos por todos lados, especialmente en aquellos lugares en los que podían impedir el paso. Para cuidar mi castigado sentido del oído pasé rápido hacia el Cúspide, que era mi principal objetivo hoy en ese edificio. Ante mis ojos incrédulos se presentó este pequeño espectáculo:



Al parecer se trata de un thriller en el que se cuenta cómo un laboratorio larga un virus de gripe que se convierte en pandemia no sin una dosis de exageración mediática, según pude ver. No es que haya sido una publicación oportunista, ¿no?

Al caso, el escritor, un español cualunque de apellido Caralps, posteó una cuasi-disculpa en su blog, que al parecer se reproduce en los volúmenes fotografiados arriba:
"Cuando escribí esta novela no había ninguna epidemia. Lo que quise hacer fue contar una historia que reflejara algunas de esas preocupaciones que los ciudadanos de a pie tenemos tan a menudo, al leer los diarios y ver las noticias de la televisión.

Terminé esta novela hace dos años, y su publicación estaba programada para más adelante, una fecha algo incierta en un año de crisis. La virulencia de la epidemia de gripe que asola al mundo mientras escribo esta nota, y la impactante similitud entre la realidad de los hechos y la fantasía de mi novela, hizo que mi editora y mi agente se confabularan para publicarla de inmediato. "

De eso al parecer hace algo menos de un mes. 


Cabe preguntarse si los editores españoles no tendrán un stock de libros inéditos sin imaginación listos para ser retitulados y lanzados al mercado cuando el menú periodístico del mes lo permite.

domingo, 24 de mayo de 2009

Audio

(post no apto para cualquiera)

Una tarde entera sentada en distintos puntos del parque Rivadavia. Lo que puede escucharse abajo hay que imaginarlo en contexto: uno de los pocos bancos con sombra a las 3 pm, una señora de unos setenta y pico con un changuito con libros (en algún momento me comentó con entusiasmo que acababa de comprarse una novela sobre unos castratti) y un promotor del Shopping Caballito, que se acercó a promocionar actividades para la tercera edad. Yo, mientras tanto, intentaba leer un libro sobre puestas de Beckett. Vaya combinación oportuna.
Grabé un fragmento. Me arrepentí un poco de haber cortado la grabación, lo más interesante vino después, con el comentario sobre el desalojo de la Huerta Orgazmika. La que de tanto en tanto canturrea un poco, si les alcanza el oído para escuchar eso, soy yo.