domingo, 23 de agosto de 2009
viernes, 31 de julio de 2009
Limbo
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jueves, 18 de junio de 2009
Para salir de Devoto
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lunes, 15 de junio de 2009
En pedazos
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sábado, 23 de mayo de 2009
A full fortnight's agony
"I should make it clear that I want Endgame, too short (one hour and a half) to provide a full evening's agony, to be followed in NY by the mime* (20 minutes), and not by another short play by someone else"
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domingo, 5 de abril de 2009
Eso no es la Bastilla, es un aula en Puán
Así que, como la última vez, aviso que voy a estar bastante pegada a mi tema de monografía. Lo que dado el caso (Dickens) probablemente signifique algo menos de material de recorte, para el bien de la paciencia de mis pocos lectores.
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domingo, 29 de marzo de 2009
Anecdotario Bafici
Era viernes, noche de Bafici en el cine Atlas Santa Fe. La película polaca que había elegido mi hermana acababa de terminar, así que ella, Diana y yo salimos del cine rodeadas por una pequeña manada de público. Comentamos un poco lo que acabábamos de ver, Cztery noce z Anna de Jerzy Skolimowski: buena fotografía, excelente dirección, actuación decente, muy buen guión, más deprimente que "Cuando comenzamos a nacer" de Sui Generis en una tarde lluviosa, a los catorce años y después de una desilusión grande.
Despedimos el tema rápido, más bien por necesidad, y para cuando encaramos hacia Rodríguez Peña para tomar el colectivo ya habíamos desviado la conversación hacia una benéfica cháchara cotidiana sobre conocidos.
Adelante de nosotras, en la parada del 124, quedaron un par de nuestros compañeros ocasionales de película. Qué cara de Puán que tiene el tipo de adelante de todo, pensé. Uno de esos especímenes del género masculino que me pueden gustar a mí sola, agregué enseguida. Y me di vuelta para discutir el programa Bafici con Mariel y Diana.
Llegó el colectivo, bastante vacío, las chicas ocuparon un asiento de dos, quedaba uno libre. Al lado de él, claro.
Veinte minutos de viaje, y apenas nos miramos de frente una vez, un poco incómodos, un poco divertidos. En Parque Centenario se bajó él, una parada más tarde nosotras.
Al mediodía siguiente, mucho calor y mucho cansancio encima, yo bajaba las escaleras centrales de Puán con la gente de la cátedra para tomar algo y ver en qué habían quedado las comisiones de prácticos. Él venía subiendo. Nunca sabré cómo se supone que se mire a un desconocido reconocido. Creo que en ese momento opté por un gesto muy mío, levantar las cejas y sonreírle por un momento. Él me devolvió la mirada de reconocimiento con un poco de sorpresa (creo que yo no tengo mucha cara de Puán que digamos), y seguimos nuestros respectivos caminos hacia no cruzar dos palabras nunca.
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martes, 17 de marzo de 2009
¿Qué fue antes, Cristófalo o la gallina?
Así empieza, textual (juro), el informe de la última reunión de la Junta Departamental de Letras que mandó la agrupación EnActo:
La reunión está precedida por el Prof. Américo Cristófalo a pesar de que Panesi continúa siendo Director hasta la designación del nuevo Director.
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lunes, 9 de febrero de 2009
Nota Post-it
En mi opinión el momento más ridículo e inquietante de Dracula, un núcleo de monstruosidad completamente siniestra, es la primera cena de Harker en el castillo. El inglés ultrapuntilloso con sus notas señala, al mejor estilo mesa de Mirtha Legrand, que el conde le sirvió "roasted chicken". Y que tiene que haberlo preparado él mismo, porque inexplicablemente en siglos de vampirismo no consiguió la compañía sino de tres mujeres francamente inútiles que no le sacan el polvo ni a sus propios cuartos.
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miércoles, 4 de febrero de 2009
Para no perder el hilo
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jueves, 15 de enero de 2009
Carbonero con Arroz
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martes, 6 de enero de 2009
Invitando vampiros
No sé cómo será en su ritmo, estimadísimo lector de blogs ignotos, pero en el mío es bastante poco. Porque normalmente me gusta rumiar las ideas, hacer borradores manuscritos en todas las distintas fases del proyecto, ir leyendo mientras tanto otras cosas completamente desconectadas (interrumpí abruptamente dos lecturas bastante disímiles, las Teorías Salvajes de Pola y Orden Terrestre de Enrique Molina, además de que reduje notablemente la cantidad de revistas y blogs que me tomo el trabajo de leer) que me refresquen la cabeza, colgarme chateando o charlando cafés y/o cervezas de por medio con amigos, cortar para escribir cuando me viene en gana (irrenunciable, sobre todo porque con mi manía perfeccionista todavía no termino mi novela), en fin.
Cuestión, este tacho de palabras va a parecerse mucho a este post por el próximo par de meses, vaya sabiéndolo: una colección de pequeñas descargas, de retazos deshilvanados de borradores para trabajos en elaboración, de la resaca de los días obsesivamente dedicados al mismo tema, sobras recalentadas cerca de la medianoche que sólo sirven para mantener este blog vivo y esta cabeza más o menos clara.
Dado que decidí comenzar por la monografía final del seminario de Vedda sobre literatura trivial que hice el cuatrimestre pasado, y que pienso trabajar con Bram Stoker y Anne Rice, enero está llamado a ser el mes de los vampiros.
Motivo de sobra para aceptar la invitación de Mariel, que ayer encontró que alguien subió a Taringa una película sueca de vampiros que nos perdimos por un error de horarios en el Bafici, y que ella seguía buscando insistentemente desde entonces. Se trata de una adaptación para cine de la novela de John Ajvide Lindqvist Låt den rätte komma in (traducida como Déjame entrar, en realidad es Deja entrar a la persona correcta, o Deja entrar a quien corresponde), que este año se convirtió en uno de los libros favoritos de mi hermana y, por lo tanto, en uno de los pesos más pesados de mi estante de abajo.
Las expectativas que me habían creado con esta película eran demasiado altas como para que el verla pudiese hacerle justicia, soy conciente de ello. Es una desventaja de enfrentarse con cualquier obra (de cualquier índole, desde una novela hasta un gusto de helado) que te hayan recomendado demasiado: más vale que sea absolutamente perfecta, porque si no los defectos que pueda tener van a resaltar como si alguien se hubiera tomado el trabajo de remarcarlos con fucsia.
En este caso, para lo que uno espera de una película de terror (género pochoclero, en circunstancias normales), resulta algo lenta. Los puntos jodidos de la trama se sugieren muchas veces con tomas de alrededor de dos o tres segundos (reconozco que se me habrían escapado varias cosas, de no ser porque tenía a mi hermana-lectora-de-Lindqvist haciendo los comentarios molestos de rigor al lado), y hay un regodeo en las escenas sin diálogo, largas, silenciosas, que dan como resultado el ambiguo efecto de que lo sobrenatural se normaliza, se banaliza, se torna humano, pedestre. El espectador comparte la poca sorpresa de Oskar cuando Eli le confirma que es vampiro.
Dejando eso, que no es necesariamente malo, de lado, sí es una película recomendable, no deja de ser una forma muy original de presentar un relato de vampiros, sin ningún cartel luminoso que intente convencernos de que está siéndolo. Si hay algo que todas las narraciones de vampiros de la segunda mitad del siglo XX a esta parte tienen en común es que dan por hecho un pop-lore sobre los vampiros más o menos basado en Dracula (tienen dos colmillos por donde chupan sangre, salen nada más a la noche porque el sol los quema, duermen en lugares cerrados y pequeños, preferentemente ataúdes, hay que darles permiso para que pasen, etc.) compartido por más o menos todo el mundo y frente al cual es necesario posicionarse, diferenciarse: así, Soy Leyenda tenía sus vampiros-enfermos, sobre los que ya hablé mucho, los de Anne Rice no tienen problemas con las cruces ni con el ajo (en la película que se hizo sobre Interview with the Vampire se dedica un diálogo entero a la sección diferenciarse-del-estereotipo), y hasta Buffy the Vampire Slayer* tiene el detalle muy grotesco del cambio abrupto del rostro de los monstruos cuando van a atacar.
Låt den rätte komma in no se preocupa por esto. Uno podría sacar algunas diferencias inciertas, en detalles de entre los menos populares (en lo que se refiere a retomada fuera de Dracula en ficciones sobre vampiros no paródicas), como el hecho de que nunca vemos a Eli convertirse en animal. Aunque sí la vemos trepar muy draculescamente por las paredes, y se sospecha (ella lo afirma, sea en broma o en serio, y la escena de la pileta da que pensar) que sí puede volar. No hay ningún momento en el que se intente, ni siquiera se plantee definir qué significa ser vampiro. Eso está dado, el pop-lore no se usa sino para motivar la anagnórisis, que a su vez está muy integrada en el resto de la trama. Lo que importa es la relación entre Eli y Oskar, el vampirismo no es sino un elemento (crucial, sí, pero no el único, la relación de Oskar con su entorno es prácticamente igual de problemática, y él es un chico más o menos normal) de entre los muchos que contribuyen a desestabilizar el entorno, a volverlo peligroso y a precipitar la catástrofe.
Y con esto me vuelvo a la lectura de bibliografía crítica (estoy con una suerte de "estado de la cuestión para 1994" de un académico australiano, Ken Gelder, titulado, con la imaginación y originalidad que lo caracteriza, Reading the Vampire) antes de que salga el sol y tenga que esconderme de la luz y dormir.
* de donde el lector atento podrá identificar la abreviatura familiar que etiqueta mi nueva sección vampira, y de donde probablemente robe mucha terminología de borradores. Esa serie armó por lejos el mejor sistema léxico conocido para referirse a los chupasangres y sus hábitos.
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viernes, 19 de diciembre de 2008
Aire
z repentina y el ruido que de repente tiene un espacio mayor para perderse y mezclarse promiscuo con otros ruidos.Hoy, el día después de mi último final presencial, miraba a la mañana (antes de salir a mi último día de trabajo de este año) mi estante de abajo tratando de elegir el primero de los libros que voy a leer en estas breves vacaciones que me voy a tomar hasta enero. La decisión de no tocar nada de bibliografía relacionada con las cuatro monografías que debo y que planeo tratar de escribir este verano (la de Siglo XIX, sobre Dickens, la del seminario de Cerrato sobre Beckett, la del de Vedda del cuatrimestre pasado, sobre Bram Stoker y Anne Rice, y la del de Artal sobre Chrétien de Troyes) limitaba bastante las opciones y a la vez las abría. Las dos semanas de vacaciones significan no tener que sentirme culpable por leer algo porque nada más se me da la regalada gana. No tener que leer con el límite de bueno, una hora más y me pongo con el apunte de Bowra sobre el ideal estoico en Virgilio, por ejemplo. Un poco por azar (había quedado separado del resto, no recuerdo por qué) fue a parar a mi morral el Libro de Apolonio. Tengo buenas chances de terminarlo entre hoy y mañana, para volver a repetir la escena de disponer de los pocos días que tengo para leer bibliografía no inmediatamente necesaria.
Valga este post mediocre a modo de ejercicio para desherrumbrar un poco las manos, demasiado entumecidas de lenguaje académico, antes de retomar de una buena vez la escritura de ficción, como se debe.
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miércoles, 17 de diciembre de 2008
rumoresque senum severiorum omnes unius aestimemus assis
Definitivamente debería leer un poco más a Catulo.
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lunes, 20 de octubre de 2008
Veinte mil leguas de viaje en el tiempo
Ta
También habitaron mi estante y mis noches de infancia Un capitán de quince años, Dos años de vacaciones, Cinco semanas en globo (cuantos números en los títulos, recién en este catálogo de naves lo noto), y de la colección del de la foto El país de las Pieles, El testamento de un Extravagante y Los hijos del capitán Grant.
Volver a leer por primera vez una novela de Verne resulta, entonces, casi un regreso al pasado personal, al recuerdo agridulce de una experiencia estética que ya sólo puede ser el fantasma de sí misma. Puedo recordar mi regocijo ante las descripciones de barcos, paisajes y artefactos extraños, la curiosidad de una nena que tenía una afición especial por desarmar las radios y por poner cualquier cosa en el portaobjetos de su modesto microscopio. Pero esa puerta se cerró, y entonces las descripciones se hacen un tanto pesadas, artificiosas, pedantes, definitivamente lejos de lo que yo elegiría hoy para leer algo pasatista.
Hablando de eso, y en sintonía con el seminario de Vedda, en tren de completar mi colección vampírica de Anne Rice fui a buscar Pandora, comprado por internet. Es lo que pienso trabajar para la monografía cuando termine, una elaboración sobre interrogantes ya expresados anteriormente de manera muy rudimentaria en este blog acerca del curso que han ido tomando los monstruos en la ficción trivial.
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11:36 p.m.
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domingo, 31 de agosto de 2008
Aleteo de murciélagos
Ebrias de cansancio, despatarradas en un sillón de dos cuerpos con brazos de madera (deberían estar prohibidos, perjudican seriamente el cuerpo del perezoso que se quiere acostar), mientras pasábamos revista a nuestras actividades del último par de días mi hermana y yo llegamos al momento de hacer una puesta en común sobre nuestros esparcimientos ficcionales. Ella volvió a lamentarse de mi natural pachorra para ver series (más de tres o cuatro capítulos de cualquier cosa por semana me resulta demasiado, razón por la cual normalmente ella no se aguanta y se me termina adelantando una decena de episodios con lo que sea que estemos mirando, en este caso House M.D.) y de que siga sin leer todavía Déjame entrar de Lindqvist. Yo le comenté, entonces, que terminada ya la lectura del Paraíso de Dante (meta que me había propuesto cumplir antes de empezar otra cosa para poder devolver el tomo bilingüe correspondiente a su amable dueño) había retomado otro libro de vampiros, que llevaba a la mitad, el clásico Drácula.
¿Cómo va eso?, me preguntó entonces ella, que se había tomado el trabajo de arruinar completamente el tomito que estoy leyendo, un frágil Penguin Classic verde que compré nuevo y sufrió manchas de témpera, de bichos aplastados y deformación por agua durante la estadía en su casa y su mochila.
Es difícil, traté de explicar. Un siglo y medio para llegar a hacerse parte del saber común de la gente y la cadena de suspenso-sorpresa que se supone que tiene que mantener el texto como una sucesión de golpes de efecto queda totalmente desvirtuada. Chicos desaparecidos después de la muerte de Lucy, que dicen haber sido seducidos por una “bloofer lady”, no tiene ningún misterio que sea ella, ni aún para los que vimos mal y fragmentadas las versiones cinematográficas más conocidas.
Yo te dije, me recordó Mariel. Es como leer el libro después de haber visto la película.
Sí pero, retruqué, en este caso el romper los golpes de efecto deja al texto en evidencia en sus pequeñas miserias e ingenuidades. Recuerdo haber leído Lord of the Rings luego de la película para The Fellowship of the Ring y el efecto fue casi inverso (1).
La memoria entonces de la clase del jueves, de Vedda hablando de la polarización entre el bien y el mal como una simplificación omnipresente en la literatura trivial, y sí, en la pochoclera tipo eso funciona, y en la literatura de entretenimiento de hasta los años ochenta también. Pero adónde nos metemos personajes como algunos de los de Anne Rice, digamos por ejemplo a Lestat (no ajeno al pochoclo, con todo y lo mucho que lo aplanaron y polarizaron) y a casi todo el clan Mayfair, tan lejos del héroe unipersonal que nuestro profesor, con alguna dificultad, quería encontrar en todas partes. Que el héroe incómodo (a su modo una variación problemática del pochoclismo) de Soy Leyenda haya podido pasar a la pantalla debería ser síntoma de algo.
La sospecha de que o bien algo de lo conciliatorio de este tipo de ficción puede estarse disolviendo muy de a poco, o de que al menos hay otra conciencia que conciliar, otras pesadillas que exorcizar, de que algo raro pasa con nuestra capacidad para leer nuestra realidad más inmediata.
Habrá que pensarlo un poco más, y darle una chance a las categorías que propone Vedda. Que es cierto que funcionan muy bien con una Batman.
Aunque qué esquema típico de ficción (aún si tomamos reglas compositivas provenientes del roman courtois como la circularidad espacio-argumental y la necesidad de que haya otras fuerzas más acreditadas tratando infructuosamente de solucionar el moco en cuestión al mismo tiempo) no funciona ejemplarmente bien con una Batman.
(1) Defiendo a muerte el episodio de Tom Bombadil
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viernes, 27 de junio de 2008
De la frustración
Es tedioso ver cómo se acoge al salvador del momento con esperanza y ansiedad, luego se lo ataca y finalmente se lo trivializa.
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miércoles, 25 de junio de 2008
Arte de la poetría e gaya çiençia
Ya veo esto (y, sobre todo, el prólogo que sigue, que si alguien tiene la paciencia de leer el facsímil se anuncia al final) por todas partes.
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viernes, 11 de abril de 2008
Sonido de hojas que se arrugan, pero no el de la papelera de reciclaje
Estuve varios días tratando de escribir un post sobre Inolvidables Veladas de Marcelo Cohen, novelita breve que terminé de leer si mal no recuerdo (el tiempo me resulta un tanto amorfo últimamente) a principios de la semana pasada. Todavía tengo la esperanza de poder sentarme con la cabeza bien centrada y escribir algo que se parezca a una reseña al respecto, pero por el momento me rindo. Apenas dejaré asentada mi perplejidad frente a un relato más obvio que película de Hallmark Channel, narrado en un lenguaje pretencioso y con un dejo de moralina posmo (sí, eso también existe, señora), pero que aún así se las arregla para tener momentos sorprendentemente altos, lo suficientemente bien ubicados como para dudar a la hora de decidir si justifican o no todo el resto. O al menos casi.
Por hoy entonces bastará con un post misceláneo, retazos de crónicas desorganizadas.
Como la de ayer, día corto de tan largo, en el que llegué tarde a mi primera salida BAFICI (primera fuera de broma, jamás había ido) y me perdí los primeros cortos de Chacun son Cinéma. Creo que en teoría debí habérmelo perdido completo. Entré a la sala en medio de un caos en el ingreso al cine armado por los que venían a ver la otra película que se iba a proyectar, siguiendo a un tipo que tenía también cara de llegotardeojaláquenohayaempezadoahorario. Una empleada nos pescó, nos miró con algo de lástima y nos urgió: “Entren rápido que no los vieron”. En mi despiste, necesité que me lo dijera dos veces.
Por lo menos valió en algo la corrida. Un par de cortos estuvieron realmente buenos. Una pena el cine (se trata del Atlas Santa Fe, lamentablemente todas las películas que voy a ver las saqué ahí), que tenía un problemita con el proyector (la parte de arriba de la imagen se salía de foco, especialmente si se trataba de planos muy luminosos), y un operador medio dormido que no se daba cuenta cuando los subtítulos en español se tildaban (lo que era a cada rato), con el subsiguiente rechifle general de la pobre gente que no podía seguir los subtítulos en francés que, esos sí, estuvieron ahí todo el tiempo.
También podría decir algo de hoy, uno de esos pocos días del año en los que resulta más cómodo leer en las mesas de afuera de MacPancho que quedarse adentro de cualquiera de los bares que nos viven todos los días. Podría contar que se acercó un muchacho que debe rascar apenas la mayoría de edad, con un pilón de copias de su novelita editada a pulmón. Todavía no me explico por qué gasté $15 en comprársela. Supongo que en parte fue el hecho de encontrar que al menos el primer tramo que llegué a leer (tenía la estrategia de prestarlos un rato para que uno decidiera) daba muestras de estar por lo menos algo mejor escrito que algún que otro bodrio (¿)narrativo(?) incluido en alguna antología muy irregular de cuyo nombre no quiero acordarme. O tal vez habrá sido la combinación de eso con las faltas de ortografía desperdigadas por el texto, todavía no termino de saber si como recurso conciente, como marca de soberbia (aquello de pero lo que yo escribí no lo toca nadie, ni el corrector de Word (lo que como en la última entrada se comprobó puede ser hasta contraproducente, admitámoslo)) o, simplemente, por mera falta de recursos. El librete trae el mail del responsable, así que supongo que cuando le dedique un rato y lo termine le preguntaré. Pero en todo caso, la ortografía caótica (insisto, hasta mi alumnado de polimodal pesca bien rápido la mnemotécnica infalible que hace imposible equivocarse y escribir “envergadura” con “mb” en lugar de con "nv") y lo llevadero del texto formaban una yunta despareja que merecía leerse. Al menos en apariencia. Tal vez fue sólo que cobré ayer, y como estoy dulce es más fácil que un escritor novel que se gastó en tratar de publicar algo me de un poco más de pena. No sé.
Por lo pronto aquello de que no sé administrar mis gastos, especialmente si me ponen hojas impresas y encuadernadas con algún atractivo mínimo enfrente, es cierto. Ya a la vuelta del cine pasé por Parque Rivadavia con intenciones de no comprarme nada, y me volví con Samuel Beckett, las huellas en el vacío de Lucas Margarit (con ese tengo excusa, se supone que debo una monografía beckettiana todavía) y con Lo Sagrado y lo Profano de Mircea Elíade, que vaya uno a saber cuándo me va a dar el tiempo para leerlo.
Si sigo tirando palabras al tacho, seguro que no va a ser hoy.
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martes, 11 de marzo de 2008
2 en 1
No recuerdo cómo fue que llegó esto a mi divshare, pero acabo de verlo, con algo de sorpresa, en mi dashboard, subido quién sabe cuándo y vaya uno a saber para qué. Y no está para desaprovecharlo. Se trata de "Game shows touch our lives" de The Mountain Goats.
Holograma en una vieja película de ciencia ficción
Cuerpo de humo, saturás mi aire
con esta tu falta, cuerpo de luces
que no toca mis manos, cuerpo de voz
cuerpo de lluvia que cae hacia arriba
cuerpo de luces, dejás caer tu fantasma
acá cerca de vez en cuando, cuerpo de lluvia
de ensueños que casi me rozan, cuerpo de humo
cuerpo de voz que te aleja de mí
cuerpo de lluvia, y yo en este encierro
detrás de la ventana, cuerpo de voz
al alcance de la sombra que me falta, cuerpo de luces
cuerpo de humo que se dispersa siempre
tan pero tan desesperantemente a tiempo.
Verseó
Lupe
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