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viernes, 12 de febrero de 2010

Balance anual

Mucha ropa nueva, una renuncia laboral kamikaze, unos cuantos libros leídos, unos cuantos más comprados o recibidos, cuatro estantes más para mi biblioteca, una ponencia, un viaje a Neuquén y otro a Córdoba, un par de canciones, dos recitales, un par de amigos nuevos, modificaciones de términos con un par de amigos viejos (algunas muy buenas, otras no tanto), un proyecto de beca rechazado, un título de licenciada en letras, unas clases en la cárcel, unos cuantos kilos menos, un par de hombres que no me supieron querer, poco avance con mi novela, un poquitito de alemán y alguna mejora no muy significativa en mi francés, un cambio de sistema operativo, una cantidad no demasiado desdeñable de discos escuchados, algunas películas, una sobredosis de vampiros, un par de posts en este blog, no mucho más

no volveré a tener 26 años,

en cierto modo es un alivio.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Alta Barda (Neuquén I)



Venía caminando, tranquila y cansada, con G. Era nuestro primer día en una ciudad desconocida, nos aventurábamos a buscar nuestro albergue solos con un mapa y un número nada desdeñable de indicaciones orales (nos habíamos separado del contingente bastante pronto) y nos corría el reloj, porque se suponía que yo expusiera mi ponencia un rato más tarde.




En ese contexto llegamos al barrio Alta Barda. Yo miré, me detuve en seco y di un paso hacia atrás. Bonito, repetitivo como suelen serlo los barrios creados con planes sociales, y sede de una serie de pesadillas mías en el año 2006.




Es que mis pesadillas van por series, como mi pobre producción poética: cuando algo en mi experiencia cotidiana no funciona, suelo soñar una y otra vez variaciones sobre los mismos motivos, los mismos ambientes y más o menos la misma estructura narrativa. En un crescendo que hace que paulatinamente los sueños pasen de interesantes a insoportables, y tenga que buscar alguna forma de deshacerme de ellos. Normalmente, implica escribir algo que podría haber sido una versión prolija de un sueño de la serie.
Con el que coincide con estos paisajes de Alta Barda nunca lo hice, simplemente dejé espontáneamente de soñar con las peatonales de casas bajas con escaloncitos y eventuales rejas de alambre tejido. Tal vez por eso me haya chocado tanto encontrarlas en la realidad.





Al menos un par de días más tarde el campus de la universidad de Comahue me regaló un trébol mutante de cuatro hojas. Como para compensar a mi atareada superstición.

jueves, 7 de mayo de 2009

Miscelánea

Buenos Aires es una ciudad más o menos chata, pero no del todo. 
Hoy al volver a casa desde el Instituto de Filología noté, por primera vez, en la sensación de estar acelerando involuntariamente el paso, que Díaz Vélez hacia el Oeste, por lo menos llegando a casa, está en bajada. Podría haber vivido toda mi vida como estos cinco años que llevo en el mismo departamento, sin darme cuenta, de no ser porque mi cuerpo hoy cansado y engripado agradece los declives y porque haber transitado un ratito antes la cuadra de Perón entre 25 de Mayo y Alem (¿de cuánto será el ángulo de esa cuadra? yo apuesto a 40º) hace que cualquiera quede más sensible al relieve del terreno. Y eso que es una bajadita importante, más o menos unos quince centímetros cada dos metros.
De haber tenido plata para comprarle pilas a mi mp3 probablemente habría cruzado la cuadra colgada en algún razonamiento insostenible que incluyera, por ejemplo, a Dionisio Aeropagita y a Bob Dylan, vagamente motivado por algo de lo que leí para mi reunión de estudio de hoy.
No sé bien qué hago escribiendo esto. Nunca vino más a cuento la cita del costado*. 





* En el momento de publicación: "Nada más fácil para un escritor que escribir sobre sí mismo; nada más aburrido que la vida de un escritor."

martes, 5 de mayo de 2009

El abuelo Portones ya no reconoce a la familia




¿Qué? ¿Vos sos mi hijo? ¡No, usted lo que quiere es envenenarme el puré de zapallo! ¡Enfermera! ¡Écheme a este individuo sinvergüenza!




Photobucket



(Sí, Microchot lo hizo de nuevo)

jueves, 23 de abril de 2009

Perdidos en el ciberespacio

Se lo tengo dicho a todo el mundo. Que yo mantenga mi vieja dirección @hotmail.com sólo se debe a que son pocos los amigos míos que usan gchat. La casilla de mail la abro una vez cada diez días, con suerte. Y sólo envío mails desde ahí en situaciones desesperadas. La última fue hace ya más de un año, para una ocasión tan particular que todavía la recuerdo.
Pero no hay caso. Tengo dos o tres conocidos que insisten en mandarme mensajes ahí. Son, sobre todo, ex compañeras de secundaria y familiares, gente que me tiene asociada con hotmail desde que abrí la casilla, hace doce años. Así que sigo sin resignarme a dejarla morir, y cuando veo que pasa la veintena de mensajes sin leer (90% de spam, por lo general) entro y hago limpieza.
Así es, entonces, que el tedio habitual se vio esta vez quebrado por la última ocurrencia del equipo del señor Billete Portones:

Photobucket

¿Una retomada del antiguo "conócete a ti mismo"? ¿Un pacto entre H.I.J.O.S. y Microsoft?

Sí, muy bien, acertó, es todavía más bizarro que eso:


Photobucket


No sé si facilitarme la vida, pero al menos la gente de Billete Portones consiguió, otra vez, levantarme el humor.

jueves, 26 de marzo de 2009

Ortografía o la grafía del ... - Segunda entrega

(La primera, acá)



¡Ah, qué sería de nuestras tristes vidas frente a la pantalla de Word sin el corrector ortográfico para aliviarnos los nervios con estas sugerencias delirantes! 

viernes, 20 de marzo de 2009

Kung-Fu Vamps setentosos

Acabo de enterarme de la existencia de esta película de la Hammer Films.





Quiero conseguirla ya, promete ser una de las experiencias más bizarras de mi joven existencia.

martes, 17 de marzo de 2009

¿Qué fue antes, Cristófalo o la gallina?

Así empieza, textual (juro), el informe de la última reunión de la Junta Departamental de Letras que mandó la agrupación EnActo:


La reunión está precedida por el Prof. Américo Cristófalo a pesar de que Panesi continúa siendo Director hasta la designación del nuevo Director.

¿No notan que algo anda mal? Lean bien, no se confíen a las leyes de percepción gestálticas.


Hay unos cuantos más, como podrán imaginarse por la muestra, en el resto del documento. También hay una nota entre paréntesis dirigida a un supuesto editor que, en teoría, estaba para recortar lo que "no debería figurar en un informe público" (sic), y que obviamente nunca le puso un ojo encima al documento.


martes, 20 de enero de 2009

Dracoppola

...


No encontré la escena sola, así que busquen en el minutero desde 4.50 hasta 5.30.







(No termino de saber si es el mejor o el peor momento de la película, que por lo demás es un catálogo de todo lo que se puede hacer para arruinar posibles buenas ideas con posibles buenos medios)

(Hablando de películas malas de vamps, ya que puse este fragmento de película, la actuación de la actriz-olvidable-que-hace-de-Lucy es casi tan ridículamente deplorable como la de la difunta Aaliyah en la versión cinematográfica de Queen of the Damned)

lunes, 13 de octubre de 2008

Spam

¿Quién puede confiar en una agencia de seguros spammer que, encima, se llama "Ocaso"?

jueves, 25 de septiembre de 2008

Cómo me gustaría conseguir sacar fotos como esta


Se trata de un hotel abandonado en una ciudad fantasma norteamericana. Me recordó mi fantasía de entrar para sacar fotos a un par de edificios arruinados que conozco.


Hablando de ciudades fantasma, acá hay una digna de Stephen King. No me van a decir que no tiene algo de Salem's Lot.

O de Sunnydale, ahora que lo pienso. 

Bueno, en todo caso parece que alguna película de terror (que no vi pero suena bastante pedorra) la tomó laxamente de modelo. 

jueves, 28 de agosto de 2008

¿Qué harías? (STP Undead)

¿Perdida la capacidad de sorpresa con los regresos de ultratumba? Bien, por si vive en una burbuja de un diámetro algo mayor al de la mía, que me enteré hace muy pocos días, estos tipos (rehab de Weiland y separación de los Velvet mediante) se juntaron. Y están de tour. Y tienen el giro inesperado (un tanto deprimente, reconozcámoslo) de tocar en el Pepsi music.




Por mi parte haré honor a mi espíritu noventero, y mañana antes de la facu voy a sacar un par de entradas para campo, una para mí y otra para mi hermanita, que viene a perderme de vista al primer pogo y a encontrarme en algún lugar definido como "esa columna de sonido de la derecha" o "ese puesto de diarios a una cuadra del estadio" al final, como es nuestra fraternal costumbre.

jueves, 7 de agosto de 2008

Nada que hacer

Casi cualquier lector porteño debe tener o al menos haber visto alguna vez uno de estos señaladores de la librería Hernández. En apariencia, se trata de un diseño serio, trillado, aburrido a más no poder: de un lado, fotos de escritores, para halagar al compralibros que los reconozca. Del otro, la foto del fundador de la librería, y la fecha en la que abrió. Todo muy lindo, todo muy serio,






¿Pero a quién se le ocurrió elegir justo esta foto del fundador? ¿O habrá sido para halagar al lector con buena vista?





Di con ese cartel mientras alguien me distraía de la lectura, y la falta de concentración me hacía fijarme en el señalador. Uno de esos momentos en los que la realidad parece ajustarse como un engranaje para tratar de significar algo.


jueves, 27 de marzo de 2008

-ponga su sonido de grillos preferido en la barra de título-

.









"¿realidad esta pesadilla irreal, esta danza de idiotas al borde del abismo?"

-J.C.


—Pensaba dejar pasar la semana con el post irrelevante de ayer, suerte de pequeño minuto de silencio. Supongo que el bombardeo de información fue más fuerte.—

sábado, 29 de diciembre de 2007

Proyecto Recoleta Witch

Ayer fui a la biblioteca del Instituto Camões con un amigo, a consultar la disponibilidad de ciertos materiales antes de que cerrase por vacaciones hasta vaya-uno-a-saber-cuándo. Para los que no sepan qué es eso (el link es bueno para guardar dirección y teléfono, pero hay que reconocer que es poco útil para saber qué hay tras el autobombo pomposo típico de los portugas), se trata de una dependencia de la embajada de Portugal que tiene una biblioteca muy bonita, muy bien provista y, lo más importante, totalmente gratuita. Está adentro del Lenguas Vivas J. R. Fernández, y para más en la parte vieja del edificio, del lado del que vale la pena perderse. Aparte de ese detalle estético-edilicio, es una biblioteca altamente recomendable, para todos los que sepan o se animen a leer en portugués, porque tienen de todo y los libros (a veces también los cds y dvds, de acuerdo al humor del leitor o encargado de turno), con un trámite de asociación muy breve, se pueden llevar a casita.

Cerrando el segmento informativo, vuelvo a lo anecdótico. Decía entonces que ayer anduve con un amigo por Retiro para visitar la biblioteca del Camões. Esa zona siempre me produjo una (tal vez natural) incomodidad, con sus edificios pretenciosos, sus bares a precios sólo aptos para neoyorquinos y su Patio Bullrich con sus molduras de machos cabríos y estrellas de cinco puntas capaces de poner nerviosa a cualquiera de mis abuelas, y sus precios que lo explican todo: para comprarse algo ahí adentro, más vale dejar el alma en la puerta. O en cualquier otro lado. Y atrás de las vías, más allá, uno sabe que está el perfecto reverso de la trama, la vida humana en su forma más precaria, y eso provoca una tensión en el aire que no se resuelve, que enrarece el aire.

Entonces, en un contexto concreto hasta lo irreal, aparecen imágenes como esta (de la cuadra del edificio “rulero”), y la sensación de no estar entendiendo se exacerba:

lunes, 24 de diciembre de 2007

Delirios festivos de VH1

El sábado estuve haciendo algo que hace un buen tiempo que no tenía tiempo de hacer: me quedé en la sobremesa (en mi casa, eso es alrededor de las tres de la tarde) mirando televisión con mi hermana. Dejarle el control remoto a ella siempre depara experiencias más extrañas que las que resultan cuando termina en mis manos, y este post es un claro ejemplo de ello. Terminamos viendo un especial de videos musicales navideños en VH1. La predilección de ese canal por mezclar lo más digno de la máquina de hacer chorizos con música con los momentos más kitsch y los más extravagantes (la palabra portuguesa "exquisitos" sería más apropiada) para los que se haya gastado celuloide es algo ya conocido. Y era obvio que en un ranking navideño tenía que haber más de los segundos que de lo primero: sólo se puede empezar a pensar en componer un tema navideño a la segunda botella de sidra, o al primer cheque gordo.

Los posibles resultados de una borrachera navideña con instrumentos a mano entonces son ampliamente predecibles: o es el hitazo sensiblón hecho para venderles simples a los yanquis, o el equivalente discográfico al tío que hace el ridículo en las reuniones, o es el resultado de un pedo triste. No voy a narrar la predecible colección de rarezas con la que nos hemos reído fraternalmente anteayer. Ya otro célebre bloguero armó una compilación en audio que sirve para resumir lo que aquí comento. Lo que va acá es el botón de muestra, dos momentos particularmente extraños de la sesión tevé-sobremesa.

El primero de ellos corresponde a gente respetable cumpliendo con un contrato firmado con una alta graduación etílica en la sangre:



No termino de saber si calificarlo de tierno, de triste o de simplemente exquisito (en portugués, se vuelve a entender). Queda a consideración del espectador.

El segundo es francamente impresentable. Con un poco de suerte y de edad a favor reconocen al personaje. En todo caso, reparen en los esfuerzos mal disimulados del coro de niños del final para no reírse, porque son sencillamente espectaculares:

Ah, las fiestas. Un abrazo con sidra para todos.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Retazos de sonidos que vuelven

Era verano, era Valeria del Mar a principios de los noventa, era el único lugar público abierto en un par de kilómetros a la redonda, era la hora en la que apagaban las máquinas de videojuegos y no se podía jugar más al WonderBoy mientras los adultos jugaban al pool o al billar (a los siete años esos juegos tienden a ser increíblemente indiscernibles, pero juraría que había agujeros en la mesa), era la noche más cargada de mosquitos, bichos bolita y caracoles que de gente, y entonces la familia entera bajaba al salón de reuniones o como se llame (ahora lo llamarían un SUM público) y una banda bastante decente se ponía a tocar covers setentosos para alegría de los padres y embole de los niños. Entre largas secuencias de canciones irrecordables y probablemente más conocidas que la ruda, entonces, sale una flauta traversa de alguna caja y suena una secuencia que me quedó grabada que ni tecnología digital en la cabeza.
Muchos años después supe que era de Jethro Tull, no más datos. Siempre me pregunto cuándo se avivará algún gil con conocimientos de música de armar un buscador con una base de midis en donde uno pueda entrar una secuencia de música (usando una partitura, o con un interfaz que convierta el teclado por un momento en un instrumento musical muy básico) y te identifique a qué canciones puede pertenecer. Si supiese lo suficiente de computadoras y de trampas leguleyas para armarlo supongo que sería una idea capaz de reportarme algún beneficio monetario, pero bueno, no me da el cuero. Y la falta de ese buscador utópico siempre hizo que esta secuencia de Jethro pasase (uy dios, casi uso la doble ese portuguesa, realmente tengo que admitir que el mate me afecta la cabeza) años, muchos años sin poder ser ubicada.
Hoy la encontré. No hace mucho alguien me pidió ayuda con un tema de la banda y me hizo acordar de que nunca había bajado nada de ellos. Bajé una discografía para chusmear. La secuencia en mi cabeza era Bouree, refrito de Bach según la banda. Estoy segura de que la mayor parte de la gente sabe de qué tema se trata. Para los que no lo ubiquen de nombre, seguro lo pueden reconocer escuchándolo:




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Aparte, noto que me estoy poniendo particularmente dada a relatos de recuerdos viejos, secciones dadas a algo parecido a la nostalgia. Disculpas a mis tres o cuatro gatos locos lectores, es un efecto colateral de una sobredosis de Giacomo Leopardi.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Pequeñas frustraciones cotidianas


A los 14 años me hice un amigo en el aeropuerto de Miami. Ambos éramos menores de edad, habíamos venido en el mismo avión de la desaparecida VASP y nos habían asignado al mismo empleado para que nos guiase por esa monstruosidad laberíntica de aeropuerto a nuestras respectivas combinaciones, que se tomaban por puertas contiguas, para tomar vuelos parecidos: los dos para Indianapolis, pero él cambiaba de avión de nuevo en Cincinatti y yo iba en uno directo. No nos encontramos allá porque a mi tío, que me alojaba, no le resultaba muy simpática la idea. Pero nos pusimos en contacto, y nos seguimos escribiendo por un par de años.

Un buen día él entró en crisis personal, me mandó una carta muy patética contándome un montón de quilombos suyos (todo lo agrandados que puede dejarlos un niño americano de 18 años criado por puritanos, con toda la guilty conscience posible) de los que yo por supuesto no tenía ni idea. Yo le mandé dos cartas más, tratando de hacer que entendiera que no era del tipo de persona que se borra porque un amigo esté en problemas, pero él nunca respondió. Por lo menos no por el tiempo que seguí viviendo en la última dirección que él tuvo. Posiblemente la estrategia discursiva poco feliz que usé (contarle el tipo de líos de los que estaba llena mi vida cotidiana, y tratar de que relativizara un poco su visión de we were all going direct the other way) haya contribuido más a espantarlo que a tranquilizarlo.

No supe más de él desde entonces.

Cuando abrí mi blog, chequeando visibilidad y esas cosas, se me ocurrió googlear mi nombre y ver qué pasaba: aparezco yo en puestos 1 y 13. El primero es sorprendentemente de un proyecto del que formé parte hace años y el otro este arcón. Después de verificar eso, se me dio por empezar a tirar nombres de gente que conocí en otro tiempo, compañeros de primaria o amigos de la adolescencia, para ver si encontraba a alguno y si me enteraba de qué es lo que están haciendo. Con la mayor parte de ellos la búsqueda fue rápida y eficazmente decepcionante. Casi ninguno aparece en ninguna parte, ni siquiera en listas de usuarios. Apenas me enteré de que el chico que me gustaba en séptimo grado está trabajando en cine y que parece que no le va tan mal. Pero no encontrar datos (como me pasó con mi mejor amiga del primario) es de alguna forma encontrar uno: o bien han tenido un perfil tremendamente bajo y un celo paranoico de no aparecer con sus nombres, o no han participado en nada público. Fin de la búsqueda.

Cuando googleé a mi amigo el yanqui, la cosa fue bien distinta. Él se llamaba David Richardson, que es más o menos lo mismo que llamarse Juan Pérez o José González. Efecto googloso:Resultados 1 - 100 de aproximadamente 7.510.000”. ¡Siete millones y medio! ¡Andá a encontrar a alguien así! Pasé por lo menos quince minutos restringiendo la búsqueda. No mejoraba. Eventualmente di con uno que cuadraba en edad y que por la foto, poco clara, bien podría haber sido la versión diez años más vieja del que yo estaba buscando, y me arriesgué con un mail. No era. Y eso sí es distinto de no encontrar datos, es naufragar en los datos, darse cuenta de que tal vez en alguna parte está lo que uno busca pero que las probabilidades son las mismas que las de pasar por el barrio de alguien que alguna vez se quiso un poco y verlo desde arriba de un colectivo.

Cosa que alguna vez me pasó. Pero ya esa es otra historia.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Diseño industrial a la foucaultiana


Todavía no salgo de mi asombro con el hecho de haberme sorprendido tanto de que esto exista.