miércoles, 14 de enero de 2009

Luego de una cara excursión en búsqueda de más chupasangres annericeanos

Nunca dejaré de sorprenderme del grado de estupidez de los lemas que la librería Kel pone en sus señaladores y almanaques.

Aunque hay que decir que el almanaque de este año, de composición de colores horrenda, con sus miniaturas de tapas de los peores libros en venta en esa benemérita cadena de libros importados (¡poné un Potter y un diccionario Oxford, por lo menos!), imagen de la Virgen y el Niño en lugar destacado mediante (me parece que tapa de algo, también, nunca lo sabré), superó ampliamente sus habituales triangulitos de escritorio, que al menos con sus azules oscuros y letras colorinches solían tener buen lejos.


(Iba a postear una foto pero me dio fiaca)

Madredeus - A praia do mar

(Esta canción me salvó el humor esta noche)





Corre a menina à beira do mar
corre, corre, pela praia fora
que belo dia que está não está
e o primeiro a chegar não perde

Andam as ondas a rebentar
e o relógio a marcar horas
a sombra é quente, e quase não há
e o sol a brilhar já ferve

Corre a menina à beira do mar
corre enquanto a gaivota voa
vem o menino para a apanhar
e a menina sentindo foge

Anda o barquinho a navegar
vem do Porto para Lisboa
foge a menina da beira mar
foge logo quando a maré sobe

Andam a brincar
na praia do mar
as ondas do mar
andam a rebentar
na praia do mar
andam a brincar
as ondas do mar
andam a rebentar
as ondas do mar
andam a rebentar

E é tão bonita a onda que vem
como a outra que vejo ao fundo
a espuma branca que cada tem
é a vida de todo o mundo

martes, 6 de enero de 2009

Invitando vampiros

Empieza enero, y con él mi autoimpuesta carrera contra el tiempo para preparar las cuatro monografías que debo para recibirme. Como si de una factura impaga se tratara, esta cuenta conmigo tiene como primer vencimiento el 31 de marzo, y como segundo el 15 de abril, lo que me da algo de veinte días para cada trabajo de 15-20 páginas.
No sé cómo será en su ritmo, estimadísimo lector de blogs ignotos, pero en el mío es bastante poco. Porque normalmente me gusta rumiar las ideas, hacer borradores manuscritos en todas las distintas fases del proyecto, ir leyendo mientras tanto otras cosas completamente desconectadas (interrumpí abruptamente dos lecturas bastante disímiles, las Teorías Salvajes de Pola y Orden Terrestre de Enrique Molina, además de que reduje notablemente la cantidad de revistas y blogs que me tomo el trabajo de leer) que me refresquen la cabeza, colgarme chateando o charlando cafés y/o cervezas de por medio con amigos, cortar para escribir cuando me viene en gana (irrenunciable, sobre todo porque con mi manía perfeccionista todavía no termino mi novela), en fin.
Cuestión, este tacho de palabras va a parecerse mucho a este post por el próximo par de meses, vaya sabiéndolo: una colección de pequeñas descargas, de retazos deshilvanados de borradores para trabajos en elaboración, de la resaca de los días obsesivamente dedicados al mismo tema, sobras recalentadas cerca de la medianoche que sólo sirven para mantener este blog vivo y esta cabeza más o menos clara.


Dado que decidí comenzar por la monografía final del seminario de Vedda sobre literatura trivial que hice el cuatrimestre pasado, y que pienso trabajar con Bram Stoker y Anne Rice, enero está llamado a ser el mes de los vampiros.
Motivo de sobra para aceptar la invitación de Mariel, que ayer encontró que alguien subió a Taringa una película sueca de vampiros que nos perdimos por un error de horarios en el Bafici, y que ella seguía buscando insistentemente desde entonces. Se trata de una adaptación para cine de la novela de John Ajvide Lindqvist Låt den rätte komma in (traducida como Déjame entrar, en realidad es Deja entrar a la persona correcta, o Deja entrar a quien corresponde), que este año se convirtió en uno de los libros favoritos de mi hermana y, por lo tanto, en uno de los pesos más pesados de mi estante de abajo.


Las expectativas que me habían creado con esta película eran demasiado altas como para que el verla pudiese hacerle justicia, soy conciente de ello. Es una desventaja de enfrentarse con cualquier obra (de cualquier índole, desde una novela hasta un gusto de helado) que te hayan recomendado demasiado: más vale que sea absolutamente perfecta, porque si no los defectos que pueda tener van a resaltar como si alguien se hubiera tomado el trabajo de remarcarlos con fucsia.
En este caso, para lo que uno espera de una película de terror (género pochoclero, en circunstancias normales), resulta algo lenta. Los puntos jodidos de la trama se sugieren muchas veces con tomas de alrededor de dos o tres segundos (reconozco que se me habrían escapado varias cosas, de no ser porque tenía a mi hermana-lectora-de-Lindqvist haciendo los comentarios molestos de rigor al lado), y hay un regodeo en las escenas sin diálogo, largas, silenciosas, que dan como resultado el ambiguo efecto de que lo sobrenatural se normaliza, se banaliza, se torna humano, pedestre. El espectador comparte la poca sorpresa de Oskar cuando Eli le confirma que es vampiro.
Dejando eso, que no es necesariamente malo, de lado, sí es una película recomendable, no deja de ser una forma muy original de presentar un relato de vampiros, sin ningún cartel luminoso que intente convencernos de que está siéndolo. Si hay algo que todas las narraciones de vampiros de la segunda mitad del siglo XX a esta parte tienen en común es que dan por hecho un pop-lore sobre los vampiros más o menos basado en Dracula (tienen dos colmillos por donde chupan sangre, salen nada más a la noche porque el sol los quema, duermen en lugares cerrados y pequeños, preferentemente ataúdes, hay que darles permiso para que pasen, etc.) compartido por más o menos todo el mundo y frente al cual es necesario posicionarse, diferenciarse: así, Soy Leyenda tenía sus vampiros-enfermos, sobre los que ya hablé mucho, los de Anne Rice no tienen problemas con las cruces ni con el ajo (en la película que se hizo sobre Interview with the Vampire se dedica un diálogo entero a la sección diferenciarse-del-estereotipo), y hasta Buffy the Vampire Slayer* tiene el detalle muy grotesco del cambio abrupto del rostro de los monstruos cuando van a atacar.
Låt den rätte komma in no se preocupa por esto. Uno podría sacar algunas diferencias inciertas, en detalles de entre los menos populares (en lo que se refiere a retomada fuera de Dracula en ficciones sobre vampiros no paródicas), como el hecho de que nunca vemos a Eli convertirse en animal. Aunque sí la vemos trepar muy draculescamente por las paredes, y se sospecha (ella lo afirma, sea en broma o en serio, y la escena de la pileta da que pensar) que sí puede volar. No hay ningún momento en el que se intente, ni siquiera se plantee definir qué significa ser vampiro. Eso está dado, el pop-lore no se usa sino para motivar la anagnórisis, que a su vez está muy integrada en el resto de la trama. Lo que importa es la relación entre Eli y Oskar, el vampirismo no es sino un elemento (crucial, sí, pero no el único, la relación de Oskar con su entorno es prácticamente igual de problemática, y él es un chico más o menos normal) de entre los muchos que contribuyen a desestabilizar el entorno, a volverlo peligroso y a precipitar la catástrofe.
Y con esto me vuelvo a la lectura de bibliografía crítica (estoy con una suerte de "estado de la cuestión para 1994" de un académico australiano, Ken Gelder, titulado, con la imaginación y originalidad que lo caracteriza, Reading the Vampire) antes de que salga el sol y tenga que esconderme de la luz y dormir.




* de donde el lector atento podrá identificar la abreviatura familiar que etiqueta mi nueva sección vampira, y de donde probablemente robe mucha terminología de borradores. Esa serie armó por lejos el mejor sistema léxico conocido para referirse a los chupasangres y sus hábitos.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

De paso


Esta tarde - Colectivo 124 por Corrientes

domingo, 28 de diciembre de 2008

Pseudoreseñas

Cees Nooteboom - El día de todas las almas


Perdonen la imagen, que contra mi propia imposición a la estética de este blog es una standard. Le presté mi ejemplar a un amigo casi apenas lo terminé, así que no pude sacar una foto propia.
Lo que también me pone en una situación para mí un tanto incómoda, que es la de comentar un texto que no tengo a mano.
De todos modos, hay unas cuantas cosas que quiero y puedo decir.
Es un relato extremadamente bien construido, de esas narraciones prolijas y cuidadas hasta en el más mínimo detalle: las caracterizaciones son impecables, la economía del relato es perfecta, la división en capítulos toma una naturalidad asombrosa y hasta los fragmentos de coro, destinados a un espacio metaliterario que recuerda constantemente el artificio de la ficción, funcionan perfecto, contra todo lo esperable en un recurso así. Por cierto, esa fue una sensación recurrente en la lectura, el pensar "este tipo de recurso normalmente sale mal, es todo lo que uno aborrece en algo escrito por alguien que conoce cierto canon académico y que trata de ser original; y sin embargo acá funciona bárbaro". Uno llega a perdonarle incluso sus actos fallidos de liberalista eurocéntrico. 
Dudé mucho sobre si hablar o no del relato en sí. Es una de esas pocas novelas con las que es casi imposible no crear una suerte de lazo afectivo. Leerla, entrar en el pacto de lectura, significa sufrirla con los personajes, quererlos a todos un poco, a Arthur que arrastra por toda Europa su cámara y sus muertos, a Arno con su cuelgue crónico, a Zenobia con su nube oscura arriba de la cabeza, a Elik que ahoga sus fantasmas en la preparación de una tesis de doctorado... En fin. 
Es, en total, una novela muy disfrutable; vale la pena hacer una vaquita con un amigo (está editada por Siruela, lamentablemente) para leerla, o secuestrarla de la biblioteca de alguno que la tenga.
(Quedo en deuda con Stefan, el amigo que me la regaló hace más bien poco)


Nicolás Saraintaris - Lógica germinal

Esta me llegó hace una semana, por gentileza del autor.
(Esa foto la pude sacar nada más porque me desvelé, son las seis de la mañana y a mi perro a esta hora le puede pasar un camión de Cliba tocando bocina y lleno de huesos a cinco centímetros de su cabecita que no se inmuta)

Vengo de comentar una novela que trabaja desde cierto compromiso emocional. Bien, ésta en ese sentido es su contrario, es sobre todo una novela del desapego. Con un lenguaje obsesivo y reconcentrado en sí mismo, con una motivación de los acontecimientos que más de una vez recuerda el método de composición del Locus Solus de Raymond Roussel, en franca disonancia con un escenario salvajemente burlesco, con un personaje principal mezquino y poco hábil para mantener una imagen coherente de su realidad por mucho tiempo, Lógica Germinal llama a ser leído desde una aséptica distancia humorística. 
A modo de revés absurdo de una novela de Chase, Poroto/Renièr Gaut/Bean es un parásito al que todo parece salirle absurdamente bien en un mundo controlado a base de crímenes atroces pero sin ninguna importancia. El relato se mueve vertiginosamente entre situaciones cómicas que parecen sólo poder llevar al desastre, que buscan despertar el morbo de seguir leyendo para ver qué tan ruidosa va a ser la caída del antihéroe. Y mejor no digo más, que es uno de esos libros que sólo se pueden comentar cabalmente de atrás para adelante. Como toda novela policial que se precie.
Los invito a hacerlo y sacar sus conclusiones propias, entonces, sin que se las de yo masticadas, que es entretenida, se lee rápido y no está publicada por la reina de las editoriales caras como la otra.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Asado violento

Algo que un amigo me hizo escuchar hoy


martes, 23 de diciembre de 2008

áspero hueco áspero viento áspero
paso tacos zapatillas sandalias botas
áspera canción áspera espera áspera
caminata calles que nunca viste


me estaba acostumbrando demasiado
a adivinar tu presencia suave en mi espacio

viernes, 19 de diciembre de 2008

Aire

Se me ocurren dos analogías parecidas, las dos ligadas a los medios de transporte: lo que se siente en el momento en el que un avión después de carretear un rato finalmente se desprende del suelo, o cuando luego de pasar en auto por un túnel o de una calle muy angosta y edificada se sale de golpe a toda velocidad a un espacio muy abierto, la 9 de Julio por ejemplo. El movimiento sigue, pero está de todas formas el vértigo repentino provocado por la vibración que desaparece, o por la luz repentina y el ruido que de repente tiene un espacio mayor para perderse y mezclarse promiscuo con otros ruidos.
Hoy, el día después de mi último final presencial, miraba a la mañana (antes de salir a mi último día de trabajo de este año) mi estante de abajo tratando de elegir el primero de los libros que voy a leer en estas breves vacaciones que me voy a tomar hasta enero. La decisión de no tocar nada de bibliografía relacionada con las cuatro monografías que debo y que planeo tratar de escribir este verano (la de Siglo XIX, sobre Dickens, la del seminario de Cerrato sobre Beckett, la del de Vedda del cuatrimestre pasado, sobre Bram Stoker y Anne Rice, y la del de Artal sobre Chrétien de Troyes) limitaba bastante las opciones y a la vez las abría. Las dos semanas de vacaciones significan no tener que sentirme culpable por leer algo porque nada más se me da la regalada gana. No tener que leer con el límite de bueno, una hora más y me pongo con el apunte de Bowra sobre el ideal estoico en Virgilio, por ejemplo. Un poco por azar (había quedado separado del resto, no recuerdo por qué) fue a parar a mi morral el Libro de Apolonio. Tengo buenas chances de terminarlo entre hoy y mañana, para volver a repetir la escena de disponer de los pocos días que tengo para leer bibliografía no inmediatamente necesaria.
Valga este post mediocre a modo de ejercicio para desherrumbrar un poco las manos, demasiado entumecidas de lenguaje académico, antes de retomar de una buena vez la escritura de ficción, como se debe.


miércoles, 17 de diciembre de 2008

rumoresque senum severiorum omnes unius aestimemus assis

Definitivamente debería leer un poco más a Catulo. 


Y sí, creo que después de cómo me salvó la vida hoy en el final de Latín me siento un tanto en deuda.

sábado, 13 de diciembre de 2008

¿Hace falta excusa?

.

Vinícius de Moraes con Maria Creuza y Toquinho





Berimbau - Consolação


(para bajarlo, click en la punta derecha del reproductor, ya saben)

Neitherland




Puerto Madero - Esta tarde

martes, 9 de diciembre de 2008

Meet the Flintstones

Y estos son los despojos de la era cassette. Los originales son antiguos (y alguna vez ajenos, yo era de las condenadas al truchaje a doble cassettera o, en tiempos más modernos, desde cd), y la enorme cantidad de tdks y afines es más bien moderna. Algunos de esos son apenas anteriores a mi paso a la era del mp3.
El grabadorcito lo compré en 2002, para que un amigo me grabara las clases de Panesi cuando no podía ir. Que era lo normal, yo cursaba el profesorado de portugués en ese horario. Lo usé poquito desde entonces. Creo que, de hecho, tengo todavía alguna vieja clase fósil de Delfina Muschietti por ahí.
Entrar en ese cajón implica, además de una lucha cuerpo a cuerpo con un ejército de ácaros y otras ínfimas alimañas, y de paso reencontrarse con algunos gustos antiguos. Era la época en la que no tener plata para comprar música significaba necesariamente depender de convencer a mi hermana de que quería adquirir (o bajar, el último tiempo, en un momento en el que un download llevaba como una semana) lo que yo tenía ganas de escuchar, o en su defecto conseguir préstamos y grabaciones de amigos. Estrategias que no siempre funcionaban, con lo cual las posibilidades de ampliar la colección musical eran ínfimas, y ni hablar de salirse de lo estrictamente mainstream.
Mientras escucho una selección de temas chica, las 18 horas y pico que ocupan mis canciones favoritas de entre las que tengo en el disco duro (la última vez que abrí la lista general eran unas increíbles 260 horas), vuelvo a preguntarme otra vez por qué no tiro todas esas cintas. Miro. Le saco una foto al cajoncito para el blog. Vuelvo a mirar. Ni siquiera tengo en donde escucharlos, ese walkman anda pésimo, se traba, engancha, patina. Y la cassettera de mi equipo de música murió hace mucho. Queda un pasacassette chico, mono, con un sonido deplorable, que creo que está en el departamento de mi hermana, para dar clases de inglés. Que alguna vez guardé para llevar música a otras partes, pero la verdad que se escucha bastante peor que mi mp3 conectado a los parlantes viejos de mi PC.
Vuelvo a mirar.
Ordenaditos, calladitos, cargados de polvo, menguando lentamente cada vez que algún amigo de mi vieja con pasacassette en el auto se lleva algo.
Cierro el cajón.

domingo, 7 de diciembre de 2008

en alguna de estas veredas
encontrar
ese manojo de llaves
que perdiste anoche en sueños

viernes, 5 de diciembre de 2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

Tal vez sean demasiados los escritores mediocres que devienen poetas porque es más sencillo esconder en verso una atroz falta de sentido del humor.