lunes, 25 de junio de 2007

Porteñada





Los que se sientan como yo, acompañen a gritos por favor:



Voy a la cocina, luego al comedor,
miro las revistas y el televisor,
me muevo para aquí, me muevo para allá.
Norma Plá a Cavallo lo tiene que matar.
Que me vienen con chorizo, pero ya va a llegar.
Que cocinen a la madre de Cavallo y al papá
y a los hijos, si es que tiene
o a su amigo el presidente no le dejen ni los dientes.
Porque Menem, Menem,Menem se lo gana
y no hablemos de pavadas si son todos, traficantes
y sino el sistema qué, y sino el sistema qué, qué.
No me digan se mantiene con la plata de los pobres
eso sólo sirve para mantener algunos pocos.
Transan, venden
y es sólo una figurita el que esté de presidente
porque si estaba Alfonsín el que transa es otro gil.
Son todos narcos de los malos,
si te agarran con un gramo
después que te la pusieron.
Se viene la policía, de seguro que vas preso.
Y así sube, la balanza, el precio también sube,
también sube la venganza.
Y ahora va, y ahora que?.
Son todos narcos y el presidente
es el tipo que mantenga mas tranquila a nuestra gente,
llega plata del lavado,
mientras no salte la bronca el norte no manda palos.

Ay ay ay, uy uy uy
Que me dicen del dedito que le meten en Jujuy?
Ay ay ay, uy uy uy
Que me dicen del dedito que le meten en Jujuy?

Es ese Perro, El Santillan
si no lo pueden voltear lo van a querer comprar,
con discursos, si no les sale,
son capaz de darle acciones a los grandes mercaderes,
eso no importa, porque el Perro
va dejando otro perrito que le mete a este sistema
el dedito en el culito y cómo sangra y no es el culo,
sino el que sangra y se retuerce
es el gran culo de este mundo,
Adiós el muro stalinista,
los demócratas de mierda y los forros pacifistas,
todos narcos, todos narcos,
todos narcotraficantes, te transmiten por cadena,
son de caos paranoiquean,
te persiguen si sos puto,
te persiguen si sos pobre,
te persiguen si fumás,
si tomás si vendés,
si fumas si compras
un pobre tonto para hacer para comer
si tomás vendés comprás fumás
y vayanse todos a la concha de su madre
y ahora que?, que nos queda?
Elección o reelección para mí es la misma mierda
Hijos de puta! en el congreso,
hijos de puta en la Rosada
y en todos los ministerios
van cayendo hijos de puta,
que te cagan a patadas...

en la selva se escuchan tiros
son las almas de los pobres,
son los gritos del latino...(x4)
ellos tienen el poder y lo van a perder...
en la selva se escuchan tiros
son las almas de los pobres,
son los gritos del latino...

jueves, 21 de junio de 2007

Kashmir - No los puedo echar sin dejar un link


A los que les haya gustado el botoncito de esta banda dinamarquesa que dejé allá al costado hasta anoche, les dejo el disco a mano, con colaboración de Bowie por alguna parte y todo. No podía simplemente cambiar el tema sin dejar rastros, porque la verdad es que tengo una debilidad por este conjunto de 11 pistas.
Es realmente un gran trabajo, se merece ser escuchado de corrido, y a todo volumen de ser posible.

No Balance Palace - Link restaurado


Este link se autodestruirá en 7 días. Si usted pertenece al mismo conjunto de personas que yo, es decir, los que nos acordamos o nos enteramos tarde de todo, lo puede pedir y me tomaré el trabajo de volvérselo a subir.

viernes, 15 de junio de 2007

En la pasarela de bochos

—¿Qué entendés por snob? —preguntó Oliveira, más interesado.
—Bueno —dijo la Maga, agachando la cabeza con el aire de quien presiente que va a decir una burrada— yo me vine en tercera clase, pero creo que si hubiera venido en segunda Luciana hubiera ido a despedirme.
—La mejor definición que he oído nunca —dijo Oliveira.


Dentro de los mandatos estéticos del estudiante de literatura hay uno que incluye volar bustos de yeso a palazos. Es de buen gusto citar a un Fulanito Menganoni que conocen cinco gatos locos y que se compró de oferta en la mesa de saldos más cercana de Corrientes, de mediano buen gusto una cita de lírica rock, un bizarrismo que tiene su parte de gesto de ay pero qué poco académico que soy en la cita de literatura pop (bueno, soy un poco culpable de eso, con mi inocultado fanatismo por la narrativa de J.K. Rowling que el lector atento y curioso (de cuya existencia por lo menos dudo) habrá notado en algún lado), por lo general acompañada de un largo tramo de justificativos, y mala palabra citar el canon, sobre todo en sus partes más populares, aquellas que una señora gorda que no tocó más de un libro cada dos años desde la secundaria, con suerte, reconoce como el canon.
Mi edición de Rayuela llegó a mi estante de abajo (recién estrenadito entonces, formación original, pena que no hubo click para la foto (aunque sí hay listas manuscritas, en algún lado)) por designio de mi abuela. Señora querible pero muy conservadora, que sabía que era un libro conocido de un autor de buena reputación, pero que se podría haber horrorizado visiblemente de darle eso de leer a una nena de 14 años si hubiese sabido lo que había adentro. (Juro que, tangencialmente, todo esto tiene que ver, paciencia). De hecho, me acuerdo de alguna mirada de leve alarma cuando notó que no estaba leyendo el libro de comienzo a final, sino que saltaba con confianza de la página cuatrocientos a la veinte sin mosquearme. Recuerdo que agarré el libraco cuando realmente sentí que no tenía nada mejor que leer, porque esperaba (uso mi definición de entonces, registrada en los nombrados inventarios) un bodrio de renombre.
Un estudiante de letras que se precie leyó y amó Rayuela. Pero si le llega el esnobismo intelectual ambiente deja que lo citen los blogs de los que llegan a la literatura desde fuera de la academia, los señaladores y las cartas de amor melosas. Él o ella va a citar autores ignotos para el común de los mortales (lo que tiene su parte loable, por supuesto, hay que difundir, el problema está en la restricción) y teóricos preferiblemente franceses. Cortázar, a los intertextos, encuéntrelo usté si tanto le gusta don, que no se lo vuá servir en bandeja. Ni le vuá recomendar que lo lea, si no lo conoce. Palazo al vacío. Y quien hable de estas cosas quedará confinado a las miradas de costado, sospechoso de asesinato, pero si esto no es actual, qué te pasa. No sólo en la ropa existen los in y los out, cool hunters encubiertos en la estética de las palabras hay unos cuantos. Basta mirar los links de un blog literario para sacar la vestimenta intelectual de quien los pone.
En alguna parte de esto prometí que iba a cerrar el sentido de la entrada, y pedí paciencia. Mis más sinceras disculpas a los que llegaron hasta acá y no comprendieron una sola palabra, o no consiguieron cerrar la coherencia laxa del fragmento en algo que parezca tener una cosa que se asemeje, en algo, al sentido.
Confío en que no serán todos.

martes, 12 de junio de 2007

Sobre las estaciones fantasma del subte A



No me gustaría pensar que soy la única loca que extraña las estaciones muertas de la línea A, reducidas a una condición utilitaria de raros depósitos y paneles de interruptores incomprensibles. Pero paso cada mañana el tramo entre Miserere y Congreso buscando los rastros de las estaciones perdidas, una a cada lado.
A la de más cerca de Once la tuvieron intacta hasta hace un parcito de años: oscura, con sus escaleras que no llevaban a ninguna parte y su boletería fantasma, pero en un buen estado que nada tenía para envidiarles a las que estaban en uso. Tal vez el polvo la mantenía bien, vaya a saber. Por un tiempo tuve la rara ilusión de que estaban por reabrirla, cuando las refacciones y las persianitas. Se me fue el alma al piso cuando vi que las persianitas eran para tapar interruptores, porque hasta entonces no podía ver la hora de poner las patitas sobre los escalones que tanto me habían intrigado siempre.
La otra la incluí por mucho tiempo en mis pesadillas antes de notar, el año pasado o el otro, que era efectivamente otra estación reutilizada, tapiada hasta unos centímetros del tope y cubierta luego hasta arriba con alambre tejido a punto grueso (en esta foto que puse eso no se ve bien). La noté mirando hacia el otro lado, por la pared opuesta azulejada que la delata, y la verifiqué luego en el resto de plataforma, viajando a propósito en el primer vagón para verla. A veces, muy de tanto en tanto, prenden las luces (tubos) adentro, y entonces se llegan a ver los azulejos amarilentos adentro, la forma de donde termina el pasillo y se va hacia donde estuvo la boletería, la escalera fantasma que tiene su baranda de hierro forjado correspondiente pero que arriba no conduce a ninguna puerta visible, a lo sumo un chapón que se me habrá escapado.

En todo caso siguen ahí, lugares que pierden su misterio en la certeza del contacto humano que enmohece las leyendas de ciudad y las llena siempre de agujeros.
Según Santa Wikipedia, origen de una de las fotos porque a esa hora de la mañana y en semejante estado de sardinización no se me viene la veta fotográfica (la otra delata su fuente solita), las estaciones tuvieron nombres. La cerrada hace más tiempo es Pasco Sur,y la otra lleva el (originalísimo) nombre de Alberti Norte. Las cerraron en el 51 por las razones prácticas arriba sospechadas.

sábado, 2 de junio de 2007

El olor de las fieras, agazapado tras unos papeles viejos

No hace falta ser lector de Proust y de las teorías evolucionistas más locas para que los perfumes y la memoria se liguen. Aunque parezca imposible acordarse (o que te acuerden) del franchute cuando haga falta, muy bien, casillero dos, firma al final del formulario. Quien se haya dado una vuelta por acá se dará cuenta de que las teorizaciones sesudas basadas en los ecos de los ecos de los ecos de los humanos que escribieron y pensaron y amaron antes que yo, en escritos de entrecasa como los que acá me entretienen, me tienen bien sin cuidado. Los nombraré cuando me vengan al caso, cuando me sienta con ganas de citar, no cuando convenga.
No me habría hecho falta conocer lo que otros digan sobre olores, para sentir la necesidad imperiosa de abrir un frasquito de perfume en gel, darle una olisqueadita de tanto en tanto, y hacer volver una noche en una parada de bondi con frío y polera perfumadita hasta la nariz, el peso irrisorio del violincito en su estuche a la espalda, la sensación de que nunca había sido tan feliz como entonces, pero.
Es un frasco muy chiquito, me lo compré casi específicamente para eso cuando supe que el perfume se dejaba de hacer, y ni se me ocurriría usarlo. Primero, por la misma razón por la que compré el frasco para la cartera de la dama, gel con sistema roll-on, 10 ml de nada: lo mismo que a mí me trae buenas memorias puede no traerlas tan buenas para gente que veo todo el tiempo, y que pasó de robármelo cuando lo usaba a odiarlo, con el tiempo. Porque los perfumes cargan con ellos las dichas y culpas de quienes los llevan puestos.
Aparte, como he dicho, el perfume no se fabrica más, y no creo que me pudiese resignar tan fácil a terminarme la última botellita a la que probablemente tenga acceso.
Así que simplemente lo encuentro, lo huelo, y lo guardo por cualquier parte (alguna vez tendré que decir algo sobre mi necesidad práctica pero obsesiva de tener siempre las cosas más o menos en el mismo lugar), por ejemplo en uno de los innúmeros cajones de mi cuarto, porque es chiquito y así después, casi inmediatamente después, me olvido del asunto y puedo volver a encontrarlo cuando no se lo llama, abrir la tapita de plástico dorado que corona de la forma más berreta la opalina que contiene el gel blancuzco, levemente irisado, y entonces acordarme de noches de invierno, de aquel período en el que tenía "por favor no me pellizquen" de nickname por todas partes, del minuto antes de que todo volviese a demostrar ser hermosamente cíclico, espiral en la que nada pasa dos veces pero aún así siempre volvemos al reflejo, y es bueno mirarse en el espejo de tanto en tanto.
Cuando empecé esta entrada sobre el frasco de perfume pensé en sacarle una foto. Quedan tan bonitas las fotos en los blogs. Pero después descarté la idea: lo que importa no es el frasco, que no puede ser más antipático, lo que sí importa es el olor. Pero olores y texturas son las cosas que este medio nos niega. No puedo escanear el perfume. Como no puedo escanear el olor particular de algunos libros. Tengo uno que compré hace diez años en Barnes & Noble, una sucursalde Indianápolis que tenía un café que desmentía la mala fama de los cafés norteamericanos: perfumado, espeso, llegaba a llenar la librería, inmensa con ganas, de un tufillo delicioso a café. Uno podía agarrar los libros, llevárselos al café y hojearlos con calma, práctica que a mí me resultaba totalmente nueva, El Ateneo de Santa Fé no existía, ni el Distal de Florida, ni tantos otros que fueron copiando la idea después. Pues bien, mi colección de Sherlock Holmes comprada en esa librería todavía, diez años después, sigue teniendo el olorcito ese raro que tienen las ediciones americanas y algunas inglesas, no sé si por el tipo de papel o de tinta, mezclado con un dejo de olor a café. El mismo olor de la librería aquella.
Y después hay quien dice que no hay diferencia entre leer de la máquina con un monitor decente y de un libro.
En todo caso, el post va sin imagen. Si conocieron alguna vez un perfume de Avon que se llamó Dreamlife y que duró, como quien dice y para seguir con las analogías olorosas, menos que pedo en botella, recuérdenlo ->aquí<-

miércoles, 23 de mayo de 2007

Tú / vos / usted / eh, sí, oh mi digno interlocutor a quien me dirijo en este acto solemne

Etapa final, engorrosísima, de terminar de pasar un cuaderno de pequeñas dimensiones para cerrar una novela que me llevó como tres años, y me decido a retomar, casi en broma primero, más en serio después, un proyecto de adolescencia que siempre me dio pena dejar en sus 96 páginas pésimas a máquina de escribir de entonces. Algo de esto conté más abajo, busquen el post si tienen ganas y recién sintonizan el dial, no tengo ganas de armar el link porque tengo más ganas de irme a dormir, la verdad. La novela que estoy cerrando cuando me aburro lo suficiente para ponerme a transcribir y a corregir cuadernos presentó y presenta problemas, todavía, y tengo mis serias dudas sobre la legibilidad del resultado. Pero si hay un problema que no tuve, ése fue la elección del dialecto, y del conjunto de presupuestos de los personajes. Buenos Aires, en una época demasiado contemporánea como dice en alguna parte Mendieta, problema resuelto, a lo sumo habrá que cuidar la adaptación de registros, y a trabajar sobre otros aspectos, con la conciencia tranquila, sleep tight my dear.
Ahora, work in progress actual (yo necesito alguna excusa para escribir en los bondis y hacer tiempo en los cafés, las esquinas y las aulas con profesores que no llegan, y por alguna razón no puedo sentarme en casa a redactar ficción, para eso antes estaba un cuaderno de notas diarioso que descansa en paz por algún lado de la máquina y ahora está el blog), me encuentro de buenas a primeras con un problema que da hasta bronca: muy bien, me largo con este fantasy de nuevo, a reelaborar fantasías de un mundo alterno de ciudades amuralladas que me sigue dando vueltas como los sueños cuando no los narro. No contemos los problemas de trama, esos son divertidos de solucionar.
El problema son los diálogos.
¿De qué se supone que se hablan los personajes de una sociedad inexistente, escritos por una argentina? Pucha. No de tú, no puedo sentirme cómoda escribiendo una escena de bastante densidad dramática entre gente que se conoce de toda la vida en tú sabes, si a tí te parece. No, no, no, no. A Oesterheld le habrá salido poner en Baires gente tuteándose, pero era otro momento, a mí me cuesta ponerlos en las costas hipotéticas que escribo. Pero se supone que esta gente habla otra cosa, no castellano. Menos rioplatense. Entonces ¿qué? ¿Vos? ¿Deschavada total de la nacionalidad de la escribiente? ¿O qué? ¿O es que no se puede escribir un fantasy en Argentina? ¿Cosa facciamo?
Por el momento, doy rienda suelta a la libertad del borrador manuscrito y escribo en una versión un poco estilizada, si tengo que decir la verdad, de mi lengua de calle. No puedo concentrarme en otra como hace falta. Y puteo mis escrúpulos, mi no poder terminar de sentirme cómoda rompiendo una convención, en un escrito que probablemente no deje nunca mi computadora, si es que llega a ella.

martes, 22 de mayo de 2007

Orden de la biblioteca (palabras del caos en el caos)


Hay pocas cosas que mantengo en un orden que exceda lo aparente. El arcón del título del blog, de hecho, fue inspirado por un objeto real de mi cuarto, suerte de universo mío en miniatura. Por lo general mi modo de organizarme (padezco de un despiste incurable) radica en tirar todo adentro de los mismos cajones, por medio de clasificaciones extravagantes (no hace mucho que saqué mis cuadernos de ideas para clases del cajón de los zoquetes (sí, tengo un cajón de los zoquetes, es que trabajo en medias (no pregunten (no, eso tampoco, juro que es algo decente y docente, valga el oxímoron)))) de modo que cuando preciso algo tengo una idea más o menos vaga de adónde tengo que ir a buscarlo. Si en los cajones no entra, al arcón.
A esto hay dos excepciones. Hace muy poco que tengo la computadora con la que escribo, y siendo que la anterior, en sus casi diez años de servicio (eso son cinco mudanzas en mi sistema planetario alterno), terminó siendo un caos inorganizable que dio lugar a una masiva pérdida de información cuando hizo falta recobrar algo, algo aprendí y ahora ésta es un lujito, todo en sus respectivas carpetas, todo fácil de encontrar, y el sistema funciona más lento que Rosita la bibliotecaria de la BPG Alvear con sus evidentes problemas de huesos y su pésima voluntad ya legendaria ("¡las manos donde pueda verlas! ¡no vaya a ser que te robes los libros!").
La otra excepción, normalmente, es mi biblioteca.
Ahí sé por lo general dónde ubicar cada cosa. Aunque su mezcla rara de organización genérica, temporal y espacial haga que cualquiera que la mire dos minutos me ponga en duda, claro. A mi modo, eso tiene orden. Me ocupo una vez cada un par de meses de que lo tenga. Pero a mi modo. Siempre pienso en que me convendría decidirme a poner todo en un orden racional, espacio tengo, pero no. Aparte de todo soy indecisa, me gustan las medias tintas.
Todo esto para hablar de un detalle de la organización de esta biblioteca que se mantiene desde que comencé a armarla, casi desde cero (la biblioteca familiar sufrió un destino adverso que no voy a narrar ahora), en 1997. El estante de abajo.
El estante de abajo es, en mi sistema, el más pesado desde todos los puntos de vista existentes. Es el que tiene todo aquello que tengo y nunca leí, y que aguanta los volúmenes que nunca terminé de leer. Tiene una tendencia alarmante a engrosarse indefinidamente cada vez que digo pero pucha, qué ganas de leer este libro, no está caro, mah, me lo compro y después resulta que hay veinte cosas más que tengo y tengo ganas de leer, o que al día siguiente vi algo que me llama más la atención que ése y que todo el estante de abajo junto, o pasa también que la bibliografía obligatoria. Sobre todo suele ocurrir que la bibliografía obligatoria, y entonces hasta el verano que viene. En el que se supone que rinda Literaturas Eslavas, Latín II, Literatura Europea del Renacimiento (sí, la debo, y qué) y lo que vaya a quedarme este año. Y el estante de abajo con todo su ominoso peso sobre mi escritorio, miradas reprobadoras y tentadoras a la vez del volumen del Ulysses, la Divina Comedia, las obras de Shakespeare y Ubu Roi.
Después Internet, navegada por links de blogs (poco éxito), y otra vez ese regusto, esa sensación de que nunca hago a tiempo, de cómo vivir y leer y sobrevivir al mismo tiempo. Pero el estante de abajo, con todas sus bellas palabras, se mantiene callado.

domingo, 20 de mayo de 2007

Ya que estamos

Ya que me puse a subir este disco para alguien, aprovecho a ponerlo acá. Es un lindo trabajo, especial para auriculares o para artefactos con muchos parlantes. Algo que se puede escuchar para desacelerar un poco la cabeza.

Guillemots - Through the Windowpane




(Nota: Este link se autodestruirá en siete días)

jueves, 17 de mayo de 2007

Mientras trato de escribir una reseña

y de paso me doy cuenta de que jamás en mi perra vida hice una, y que no sé cómo cuernos inventármela.

—Comentarios varios mientras trato de salir del paso y redactar una reseña sobre una puesta teatral de una obra narrativa escrita por Samuel Beckett

Recién ahora, volviendo a mirar tanto rato después la postalcita muy bien impresa que entregaban a la entrada, noto que en el parrafito de descripción de la obra no aparece un solo detalle que pertenezca realmente a Beckett:

"Un hombre a solas, desnudo, ladra como un perro, se pregunta por el amor, se cambia el pantalón, una y otra vez, le da de comer a un perro, se pregunta por el amor, tiene estreñimiento, se recorta un pedazo de pantalón, le da de comer al perro, se pregunta por el amor, un hombre a solas, desnudo, ladra como un perro [...]"
y sigue, en el mismo tono, repitiendo como un kinetoscopio.

Es cierto, todo eso está en la puesta, pero en el texto real gracias si hay algo en un momento que puede calificarse como "se pregunta por el amor". Y bueno, está el estreñimiento, que en el tono muy constipado de la obra (que se comió casi todo lo que el texto representado tenía de cómico) el sr. Comas no podía sino representar muy gráficamente. El resto es un largo agregado, lo que sale de tratar de llenar el espacio irremediablemente vacío que rodea a un narrador en primera cuando el relato no está enmarcado, darle un cuerpo a palabras que vienen de la nada y que pretenden convertirse en monólogo de alguien, de algo.

Otra observación respecto al cartoncito, que también noté cuando fui a buscar los datos pertinentes porque me hacían falta: nada le avisaba al espectador que estaba yendo a ver una adaptación de una obra narrativa. Se avisaba como "Primer Amor - de Samuel Beckett". ¿Experimento? ¿Ver si alguno se traga que eso es una de las obras de teatro de SB? Nada dice quién lo adaptó a escena, cuando en este caso parece ser lo más importante.

En realidad, este programa (¿le va el nombre?) ni siquiera dice quién es el tipo que tocaba el silbato y en cierto momento nos apuntó a todos con una pistola de esas de aire comprimido (en el borde entre un juguete y algo más peligrosón) que en mi casa al menos se daba en llamar matapalomas. Sería interesante pensar que se trata de algún Tito amigo del actor principal o del director al que le piden que ejecute esa secuencia simple en las representaciones. Imposible, claro, pero interesante. Habrá que sospechar que tal vez hasta era el director. O el hijo no reconocido de Elvis.

De los pantalones no hablo. A esos los guardo para la reseña.

Sigue viniéndome a la cabeza parte de lo que salió en el comentario de Mariano sobre esta obrita. Algo acerca del posible daño insospechado de la situación escénica, que no podía haber sido mejor expresado, y que me hizo reir bastante. Muy sano, después de verse un espectáculo* de esos.

* Piénsese aquí la palabra "espectáculo" con la entonación que daría una señora lectora asidua de la revista Gente ante la imagen de dos perros enganchados, en la puerta de su casa, no en el que se usa frente a unas medialunas extremadamente grandes ni en el que lo emplearía Moria Casán. Bueno, en cuanto a Moria, tal vez dependa de en qué esté pensando.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Vida, obra y milagros

Atrás de las paredes, con vasos sobre el empapelado,
siguiendo el paso de las nubes detrás de los vidrios,
los confinados esperan.
Saben salir a andar con pies de ladrillo,
con bocas de sal, con párpados arrugados.
Saben decirte la hora si preguntás por favor,
y si no los espera una silla vacía en otra parte.
Cobran también su sueldo, todos los meses,
y se compran quesos, y gorros, y zapatos,
y pagan la cuenta de la luz, y escuchan guitarras,
y a veces hasta llegan a comerse las uñas, convencidos,
tan estúpidamente convencidos de que existen.

lunes, 14 de mayo de 2007

Con algunos cascotes de menos

No sé cuánto tiempo estuve fantaseando con la idea de sacar una cámara y salir a lo turista a fotografiar edificios. Es un poco frustrante ver cómo hay lugares hermosos que están un día y al siguiente no. Aparte, claro, de un par de imágenes que quería simplemente guardar en otra parte más que no fuera mis retinas.

Siempre me sedujeron, además, los edificios en mal estado. Es como si se trajesen con ellos pedazos de vidas ajenas que hacen que la propia sea más real. Los reciclados son bonitos, pero pierden el misterio.

Así que me encontró la vuelta de un segundo vagabundeo por La Plata con la cámara encima, y me tomé el trabajo.
Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket_Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Este post es entonces más una excusa para dejar en alguna parte un ínfimo registro más o menos público de una obsesión visual.



jueves, 10 de mayo de 2007

Relato desordenado de no-turismo

Entré a un bar. La mañana era particularmente fría, una de esas mañanas de otoño de las nuevas, que no merecen ese nombre. Como dice la hija de una compañera de trabajo, a la que su madre cita todo el tiempo, ya no tenemos cuatro estaciones, tenemos como seis. O como para aumentar el desconcierto de alguna nena que comparta mi confusión a los tres años cuando me querían explicar que las estaciones no eran categorías de clima sino de fecha, que "hoy es invierno y ayer fue primavera" no es una construcción posible, por mucho que un buen porcentaje de dibujitos de la Warner parezcan afirmar lo contrario.

El caso es que hoy entré a un bar y era invierno pese a que sea otoño y era una ciudad que no pisé nunca y el único motivo por el que me quedé en ese sucucho de olor acre y poca luz fue el pequeño par de grados de temperatura que separaban el adentro del afuera, y la esperanza de un café con medialunas, porque llevaba varias horas en pie sin nada en el estómago. A las cansadas el mozo, que debería tener veintipocos y unos ojos verdes muy bonitos que desentonaban con el entorno catastrófico, no sé bien por qué, se acercó a la mesa. Parecía sorprendido. Ehm, no, mirá, medialunas no hay. ¿Algo que se le parezca, para desayunar? No, tampoco, café solo, acá trabajamos con delivery de comidas para los negocios de la zona, ¿sabés? ¿Y se puede saber para qué dejás el bar abierto a las once de la mañana y ponés mesas? Pero eso no lo dije. Me reí discretamente, me puse mi mejor cara de no-soy-de-por-acá, buenos días entonces, y a la calle.

Cuando había salido, más temprano, de mi casa, había ido acumulando una mezcla de terror y de esperanzas de perderme. Hace mucho, mucho tiempo que no me pierdo en serio. Me importaba llegar a horario, por supuesto. Lamentablemente no perdí del todo todavía el sentido de la responsabilidad. Pero uno se cansa de ir siempre por las mismas calles, a los mismos lados, de saber exactamente donde se está y qué colectivo hay que tomarse para volver a casa. Uno se cansa de los puntos de referencia. Y estar a la deriva en otra ciudad parecía lo más cercano a una oportunidad para perderse. Pues no pasó. Por muchas vueltas que di las calles están numeradas, como páginas de un trabajo sin abrochar. Por mucho que se las revuelva el orden está y se recupera más o menos en seguida. Caí por completo en la cuenta de eso cuando salí del barsucho y supe exactamente hacia dónde se suponía que debía volverme.

Me resigné entonces a pedir recomendaciones por la calle, y terminé en un lugar muy bonito, con un café fantástico y un nombre espantoso ("Impositiva", pero a quién se le ocurre). Adentro no hacía tanto frío y había poco espacio para las sillas. Pero el sol entraba tibio (inviernosamente) por las ventanas, en un ángulo al que no estoy acostumbrada (rodeada como vivo de edificios altos), y por un rato fue la paz. El celular apagado, las calles ajenas, un buen libro, y finalmente (pese a mi secreto fracaso en la tarea de perderme), el recuerdo de por qué es que me gusta viajar, y de por qué hace rato que mis vagabundeos por Baires no sirven ya para desconectar mi cabeza de mí misma.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Abajo del polvo y adentro de morrales viejos

Los cuadernos con escritos viejos dan esa impresión un tanto incómoda de estar leyendo a otra persona. No depende de qué tan viejos son, a veces algo que se escribió hace mucho tiempo resulta más cercano que otro texto más nuevo, de un par de meses. Cuando se olvida un escrito nuevo da la incómoda impresión de haber perdido un pedazo de memoria, lo que equivale a haber dejado de vivir algo. Un texto al que se le olvidó por completo el proceso de escritura, como una foto de un lugar olvidado, o el despertar con las emociones de un sueño pegadas en todo el cuerpo, pero sin ninguna de sus imágenes, son todos recordatorios de lo frágil que es este instante. Probablemente mañana ya no lo hayamos vivido nunca.
Es distinto lo que pasa con los textos muy viejos que sí se recuerdan. Actualmente reescribo sobre la trama y personajes base de algo que hice hace cosa de diez años, que a esta edad son una eternidad. Y lo extraño es que recuerdo muy bien el proceso de escritura de entonces (llevé cuidadosas notas, pero cuando las hojeé noté que no hacían falta, que las tenía en la cabeza), los problemas con los que me enfrenté, los que creí enfrentar y los que no vi nunca. Releyendo las páginas viejas, las imágenes, los fragmentos de sueño son propios, pero las palabras son ajenas. Infinitamente ajenas.


martes, 8 de mayo de 2007

Quién iba a decirlo


Estoy haciendo la prueba, por hoy. Siempre tuve una cierta resistencia a los blogs. Siempre me pareció una forma que ronda el monólogo interminable de palabras destinadas a perderse en la nada del ciberespacio. Pero entre el monólogo condenado a perderse en la nada del archivo de mi computadora y esto, lo cierto es que no hay mucha diferencia. Y que de tanto en tanto se me da por desperdiciar mis palabras también es cierto. Así que heme aquí, another one bites the dust.


[Un aparte descolgado, haga click en la imagen, así se ve de tamaño completo, que lo vale]