lunes, 25 de febrero de 2008

Estadísticas poco brillantes

Sigo preguntándomelo, ¿por qué de los cinco gatos locos que entran a mi blog parece que cuatro entran buscando lápices 2b? Todos los meses tengo alguno, pero parece que Febrero aumentó la tendencia. ¿Debo imaginar que detrás de todo esto hay madres preocupadas mirando google para ver qué se supone que sea eso que le tienen que comprar al nene?


Iba a escribir una explicación porque la pregunta "qué es lápiz 2b" (sin acentos, claro) que vi dos veces formulada distinto en mi ShinyStat, simplemente porque me hizo un poco de gracia. Pero desisto, nah, señora, pregunte en la librería.

jueves, 21 de febrero de 2008

Luna vieja

Es un post obvio, no hace falta decirlo.


La foto está sacada desde una ventana de mi departamento. Es raro que se viera, vivo en un interno, pero ahí está, sí, el eclipse. Después de que tanta gente estuviese todo el día hablando de él, después de ignorar los comentarios por horas y horas, terminó metiéndose en mi casa, de contrabando, para que no pudiera olvidarme de él y para que mi señora madre me insistiera para sacar una foto igual a tantas otras fotos que se van a ver hoy en esta cosa que da en llamarse internet.

Después de todo no está tan mal. Y es cierto que mi cámara de fotos ve más estrellas que yo por la ventana. Parece reírse un poco de la intención de mirar alguna estrella antes de dormirme (costumbre vieja en mí) con la que puse la cama abajo de la ventana, para ver nada más un parche de cielo parduzco y ventanas de vecinos.

domingo, 17 de febrero de 2008

1974

Se puede crecer con una canción sonando al lado y no prestarle jamás atención a la letra. Sobre todo, claro, si el disco (sí, disco, una cosa negra más grande que un plato con surcos que se guarda en un sobre de cartón) se perdió unos años antes de adquirir la competencia en lengua inglesa necesaria para hacerlo.

Este post viene, entonces, algunos años retrasado. O señala, más bien, el momento en el que la canción vino particularmente bien. Es de Paul Williams, se llama "Special to me", está en el soundtrack de Phantom of the Paradise y no me acuerdo de quién la canta, caramba.




Caught up in your wheelin' dealin' you've got no time left for simple feelin'
I thought I knew you but I didn't know you at all
Trapped inside your world of worry you miss so much when you always hurry
Well slow down baby you'll only get hurt if you fall

Well you told me one time that you'd be somebody
That you weren't workin' just to survive
But you're workin' so hard that you don't even know you're alive
Workin' so hard to be somebody special not working just to survive
Well you're special to me babe but what I don't see babe is
Where you go once you arrive
Where we go once we arrive

Damn all evil that takes possession until your pipe dreams become obsessions
They scare me baby and we should have nothing to fear
I'm no child but I can't help wonder it seems like some kind of spell you're under
You're listnin' baby but somehow you don't really hear

Well you told me one time that you'd be somebody
That you weren't workin' just to survive
But you're workin' so hard that you don't even know you're alive
Workin' so hard to be somebody special not working just to survive
Well you're special to me babe but what I don't see babe is
Where you go once you arrive
Where we go once we arrive

sábado, 9 de febrero de 2008

Prueba piloto

Elefantitos rosas / Pink elephants on parade

En una larga cadena de pensamientos colgados con una computadora a mano, terminé dando con esta pequeña escena de delirio alcohólico en Dumbo, que tenía perfectamente olvidada:



El dibujo resultaba valioso por sí solo. La letra, con sus castradoras advertencias contra los demonios del alcohol me resultaba un tanto torpe. Está bien, la película es de 1941, pensé, tampoco era para que hubiese una escenita de este tipo en una película infantil sin algún paraguas ideológico en el medio. Pero la sensación de malestar, de desacomodo entre la imagen y lo dicho seguía. Por las dudas, busqué la versión en inglés. No sin una cuota de sorpresa encontré esto:



Por esta noche, por lo menos, más vale ir a soñar con elefantitos rosas. De los que desfilan, no de los que hacen pactos con Satán.

lunes, 4 de febrero de 2008

Y sigue siendo un buen tema para canción

Don Meendo, vós veestes
falar migo noutro dia;
e na fala que fezestes
perdi eu do que tragia.
Ar querredes falar migo
e non querrei eu, amigo.

—Alfonso X

sábado, 2 de febrero de 2008

miércoles, 30 de enero de 2008

Vertiendo mis fuerzas en el viento
Desarrollo de una nota marginal en mi copia del Didascalicón

Ya sé que toda esa multitud de personas que no pueden vivir sin un post de este blog, todas aquellas que me pagan el crédito con el que el siglo que viene voy a comprarme un último piso en un edificio antiguo con una de esas torrecitas en donde desde la adolescencia soñé poner mi escritorio y dedicarme a escribir ficción (si los descubrimientos médicos me lo permiten y no muero de algún tifus mutante antes) se estarán preguntando en dónde me he metido. También es posible que los seres con algo de cordura, quienes quiero sospechar que son mayoría, se pregunten qué cuernos tenía en la cabeza cuando subí la última foto movida de un ejercicio de escritura automática trasnochado a fibra indeleble sobre un dvd malogrado por el maldito Nero (sobre el que si no me gana la vagancia escribiré una invectiva alguna vez), con apenas el mínimo indispensable de seso para confiar el texto, que no podía ser peor, a la mala calidad de imagen y a mi caligrafía revuelta, en vez de transcribirlo.

Baste por el momento saber que hoy me topé con esta frase en el Didascalicon de Hugo de San Victor, que me empeño tercamente en leer completo, y me consiguió arrancar una sonrisa de identificación resignada:

He who works along without discretion works, it is true, but he does not make any progress, and just as if he were beating the air, he pours out his strength upon wind

Son casi las dos, todavía me quedan quince páginas para liquidar el texto del que salió esa cita y no puedo darme el lujo de dejarlo para mañana. Baste este tributo a un blog algo dejado.

domingo, 6 de enero de 2008

De vuelta del Infierno

Definitivamente, es mejor no visitar Florencia. Por cualquier mal paso se puede terminar en un lugar como este, para que venga un mono acomodado a infamarte, con tan buena pluma para que siete siglos después todavía se sepa.

jueves, 3 de enero de 2008

Prosa con brazos y piernas

Uno de mis guilty pleasures menos conocidos consiste en bailar sola frente al espejo. A diferencia del común de las muchachas, no es un hábito adquirido en la infancia, sino en la adolescencia y más bien tarde: me llevó tal vez demasiado tiempo dejar de tener vergüenza de mi forma de moverme. Es cierto que no tengo mucha más gracia de movimientos que una morsa bebé en tierra, y que hace falta una cierta dosis alcohólica para hacerme bailar en público, para qué negarlo. Pero de todos modos, me encanta bailar sola y me encanta jugar con mi imagen en el espejo. Si se trata de música que nadie en su sano juicio catalogaría de “bailable”, todavía mejor. La cosa está en moverse, en que la vibración se transmita de otra forma más al cuerpo.

A partir de esto sale la percepción de que existen dos clases de movimientos muy distintos: están los que tienen que ver con la vista y los otros, que podríamos llamar táctiles, relacionados con la percepción física del volumen del propio cuerpo. Los primeros están hechos para agradar al ojo, no al ejecutante. Son los de la gente que baila bien, esos que a menudo admiramos por su dificultad, un despliegue de gracia en la imagen que muchas veces se corresponde con una incomodidad física considerable. Cualquiera que haya hecho danza o que conozca de cerca a alguien que baile conoce los moretones que muchas veces acompañan a una coreografía que pide, por ejemplo, desplomarse contra el piso en un momento determinado.

En el otro extremo están los que producen sensaciones placenteras en el ejecutante, una distribución de pesos y de masas de aire que al ojo resulta ruda, un tanto agresiva o sencillamente ridícula, pero que produce una sensación particularmente liberadora en quien lo hace. El caso extremo en esto es la forma de bailar de algunos chicos, la de algunos adultos bajo los efectos de alguna sustancia y la de los movimientos hechos en estado de éxtasis delirante o religioso. Los casos intermedios ocuparían, si mis sospechas son ciertas, la mayor parte de las formas de la danza, que se regularían por una cuestión de grados, con algunos equilibrios felices como el que podría verse en una rueda de salsa bailada por amateurs, no por un ballet profesional.

En todo esto, vuelve a salir la vieja tensión de la expresión humana que nunca termina de resolverse. Debería decir, que nunca termina de admitirse, también, si pensamos en toda la tinta gastada para hablar del lector implícito de los escritos íntimos, con el caso extremo archiconocido de los diarios personales, en los que cualquiera que los haya escrito o los escriba sabe que hay una cuota de construcción de algo parecido a un personaje ficcional, pero para qué, para quién, para cuándo. O el caso que me ocupa quiera o no, de blogs como éste, que no reniegan de su cuota de intimidad.

Ahí, en el espejo, mientras la música sigue su ritmo conocido, está la expresión física de la prosa confesional que, en el fondo, se queja aliviada de la imposibilidad de producir el poema perfecto.

lunes, 31 de diciembre de 2007

delprincipiodelfinaldelprincipio

A medida que la agenda y los almanaques van dejando de servir se van juntando los últimos días del año, una borra de tiempo de la que uno tiende a no esperar mucho, porque lo interesante es lo que viene después, los planes para la semana que viene que es el año que viene, o lo que vino antes, los balances del año para finalmente ponerle una nota de examen final.
En ese sandwich entre considerar los Grandes Eventos del 2007 (en mi caso, una secuencia de diapositivas muy extrañas que prefiero reservarme) y las Grandes Expectativas 2008 (con el en cierta medida asustante proyecto de ajustar una buena cantidad de tuercas sueltas), queda este rejunte de horas muertas, este descanso a veces un poco incómodo, de siesta en sala de espera, y ahí, cuando las defensas están bajas, aparecen entonces cosas como la música de esta muchacha, última adición en la columna positiva del año, reclamo de derechos del año al que apuraron para que se vaya.



Se trata de "Honey honey", de Feist, y está en el disco The Reminder (2006). Le dedico un un post en lugar de relegarlo a "música de la semana" porque sé que es muy poca la gente que se toma el trabajo de escuchar lo que pongo ahí arriba.
Algunas recomendaciones:
-Escuchar en un equipo con buenos bajos. Si no se puede, poner auriculares o pasarlo a un mp3 (recuerden que haciendo click en el costado derecho del reproductor se pasa a una página de download).
-Conseguir el disco.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Proyecto Recoleta Witch

Ayer fui a la biblioteca del Instituto Camões con un amigo, a consultar la disponibilidad de ciertos materiales antes de que cerrase por vacaciones hasta vaya-uno-a-saber-cuándo. Para los que no sepan qué es eso (el link es bueno para guardar dirección y teléfono, pero hay que reconocer que es poco útil para saber qué hay tras el autobombo pomposo típico de los portugas), se trata de una dependencia de la embajada de Portugal que tiene una biblioteca muy bonita, muy bien provista y, lo más importante, totalmente gratuita. Está adentro del Lenguas Vivas J. R. Fernández, y para más en la parte vieja del edificio, del lado del que vale la pena perderse. Aparte de ese detalle estético-edilicio, es una biblioteca altamente recomendable, para todos los que sepan o se animen a leer en portugués, porque tienen de todo y los libros (a veces también los cds y dvds, de acuerdo al humor del leitor o encargado de turno), con un trámite de asociación muy breve, se pueden llevar a casita.

Cerrando el segmento informativo, vuelvo a lo anecdótico. Decía entonces que ayer anduve con un amigo por Retiro para visitar la biblioteca del Camões. Esa zona siempre me produjo una (tal vez natural) incomodidad, con sus edificios pretenciosos, sus bares a precios sólo aptos para neoyorquinos y su Patio Bullrich con sus molduras de machos cabríos y estrellas de cinco puntas capaces de poner nerviosa a cualquiera de mis abuelas, y sus precios que lo explican todo: para comprarse algo ahí adentro, más vale dejar el alma en la puerta. O en cualquier otro lado. Y atrás de las vías, más allá, uno sabe que está el perfecto reverso de la trama, la vida humana en su forma más precaria, y eso provoca una tensión en el aire que no se resuelve, que enrarece el aire.

Entonces, en un contexto concreto hasta lo irreal, aparecen imágenes como esta (de la cuadra del edificio “rulero”), y la sensación de no estar entendiendo se exacerba:

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Balconeando



Las fotos son del 24 a la noche, y están sacadas desde el balcón de mi hermana.
Desde que ella se mudó que estoy queriendo sacarlas, pero me olvidaba la cámara, y con el celular era obviamente imposible.





lunes, 24 de diciembre de 2007

Delirios festivos de VH1

El sábado estuve haciendo algo que hace un buen tiempo que no tenía tiempo de hacer: me quedé en la sobremesa (en mi casa, eso es alrededor de las tres de la tarde) mirando televisión con mi hermana. Dejarle el control remoto a ella siempre depara experiencias más extrañas que las que resultan cuando termina en mis manos, y este post es un claro ejemplo de ello. Terminamos viendo un especial de videos musicales navideños en VH1. La predilección de ese canal por mezclar lo más digno de la máquina de hacer chorizos con música con los momentos más kitsch y los más extravagantes (la palabra portuguesa "exquisitos" sería más apropiada) para los que se haya gastado celuloide es algo ya conocido. Y era obvio que en un ranking navideño tenía que haber más de los segundos que de lo primero: sólo se puede empezar a pensar en componer un tema navideño a la segunda botella de sidra, o al primer cheque gordo.

Los posibles resultados de una borrachera navideña con instrumentos a mano entonces son ampliamente predecibles: o es el hitazo sensiblón hecho para venderles simples a los yanquis, o el equivalente discográfico al tío que hace el ridículo en las reuniones, o es el resultado de un pedo triste. No voy a narrar la predecible colección de rarezas con la que nos hemos reído fraternalmente anteayer. Ya otro célebre bloguero armó una compilación en audio que sirve para resumir lo que aquí comento. Lo que va acá es el botón de muestra, dos momentos particularmente extraños de la sesión tevé-sobremesa.

El primero de ellos corresponde a gente respetable cumpliendo con un contrato firmado con una alta graduación etílica en la sangre:



No termino de saber si calificarlo de tierno, de triste o de simplemente exquisito (en portugués, se vuelve a entender). Queda a consideración del espectador.

El segundo es francamente impresentable. Con un poco de suerte y de edad a favor reconocen al personaje. En todo caso, reparen en los esfuerzos mal disimulados del coro de niños del final para no reírse, porque son sencillamente espectaculares:

Ah, las fiestas. Un abrazo con sidra para todos.