martes, 14 de agosto de 2007

Obviedades


Es muy poca la gente que lo admite abiertamente. Si uno se para a preguntar, resulta que, pertenezcan al credo que fuere, crean o no en Dios, en Alá, la astrología, los ovnis o en la inutilidad de todo, hablando todos se ríen de los gatos negros. Pero después pasan cosas como ésta: la calzada ya reducida por el puesto de diarios, y la nefasta escalera. Entonces resulta ser que con la yeta no se jode. Aún en plena Pellegrini, pleno mediodía, pleno apuro porque se termina el horario para buscar rápido algo que comer o pescar ese bondi que lleve a casa. No importa. Se puede pasar cruzándose adelante de cuatro viejas, correr o caminar al paso más apretado imaginable, pero si hay que esperar medio minuto para no pasar por abajo de la escalera de aluminio, se espera. No es que pareciera particularmente propensa a caerse, ni que hubiera un tacho de pintura amenazante en el borde, no.
Y en alguna parte las brujas se ríen, o llaman con un gesto vago y una mirada fija que presagian la estafa en los parques, ahí donde las palabras vagas y metafóricas de los vates siguen teniendo sentido, y el destino puede ser marcado por el sentido de las cornejas.

domingo, 12 de agosto de 2007

No-noticias de antes de anteayer

Jueves, mediodía, colectivo 105, el sopor de volver de un trabajo para almorzar en casa y seguir de largo al próximo. Por donde yo lo tomo, allá lejos y en el centro, suele tener asientos vacíos todavía. Tomé el de la ventanilla de un asiento doble, y por primera vez en un tiempazo me dediqué a reescuchar Revolver, esta vez en ese artefacto pequeñito que aparece más abajo. Tuve apenas la vaga conciencia de que alguien se sentaba al lado mío.
Para cuando llegamos a Once, lo insólito: una leve presión en mi costado. Miro: una adolescente a la que tengo vista, una chica darkie con la mochila negra bordada de mostacillas que suele tomar el bondi en la misma parada que yo. Completamente dormida, se había acomodado en su inconciencia sobre mi hombro. Sonreí y traté de no moverme, con un sentimiento de ternura que se me está haciendo raro. Siempre me pareció que dormir representa uno de los mayores estados de indefensión de un ser humano, y que por lo tanto dormirse sobre alguien es una suerte de acto de entrega, de confianza, un pacto tácito que no se hace con cualquiera. Hay una larguísima lista de gente que conozco y que me cae extraordinariamente bien sobre la que jamás pensaría en dormirme, así que imagínense sobre un extraño. Y la conciencia de que todavía exista gente capaz de inconciencia y falta simpática de tacto en Baires me hizo sentir terriblemente extraña, me hizo preguntarme hace cuánto que me convertí en otro ratón asustado que mira para todos lados antes de moverse por la calle.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Una de Sinéad O'Connor





Here's you boys, now take my advice
To America I'll have ye's not be coming
There is nothing here but war, where the murderin' cannons roar
And I wish I was at home in dear old Dublin

lunes, 30 de julio de 2007

Modernizaciones



A los ocho años recuerdo haber escuchado hablar, uno de aquellos fines de semana en los que acompañé a mi viejo al trabajo (él era kinesiólogo y laburaba en un geriátrico de gente adinerada, por lo cual la cosa consistía en ser malcriada por el personal y eventualmente hacer mirar Nubeluz a un par de viejos hasta el mediodía), de cierto familiar de un interno que tenía algo que sonaba por la descripción a minitelevisor portátil. Nunca pude saber qué era el dichoso aparato, pese a que con el tiempo pude ir identificando la mayor parte de los artefactos medio extraterrestres que vi o que pude escuchar descritos ahí (la reproductora de dvds, por ejemplo, no mucho más tarde, que por entonces usaba discos más grandes). A mí, que no hacía falta demasiado para inflarme los sesos, y que era bastante adicta a la pantalla, se me antojó la solución perfecta para el aburrimiento escolar, y para no perderse los programas de media tarde, que era el horario en que iba a la escuela. Pena que sonaba a demasiado para ser verdad. Aparte, ¿en dónde lo iba a enchufar? Porque no podía esperar que una cosa así funcionara a pilas, no.
El viernes completé la compra del aparatejo de la foto, y me acordé muchísimo de ese episodio. Con esto más o menos se completa la modernización de los instrumentos de tecnología noventosa que tuve en uso hasta el corriente año (mi computadora anterior fue una 386, mi sonido portátil un walkman a cassette, por nombrar ejemplos), así que ya estamos, me terminé de vender a la tecnología. O algo parecido.
Una de las ventajas que hay que reconocerle al aparatito en cuestión (aparte de los videos, claro, y de tener una grabadora a mano cuando más se la necesita) es que se hace obviamente más cómodo de tener encima mientras uno hace otra cosa, por ejemplo, lavar los platos, que un walkman. Y si tenemos en cuenta que todavía me toca vivir en la casa familiar, y que la música es siempre tema de conflicto, es de imaginarse que esto mejora bastante mi (iba a decir calidad de vida pero queda mejor esta palabra) humor.
Y entonces el pequeño detalle, la música respetablemente fuerte y la sensación de que algo raro pasa, de que algo falta. El ruido de mis manos. Puedo vivir con eso, o sin eso, que sería más adecuado en este caso, pero he ahí toda la diferencia. Y en cierta medida es una de esas diferencias realmente inmensas que no parecen notarse, como las calles empinadas en las ciudades que tienen relieve verdadero.

martes, 24 de julio de 2007

Deathly Hallows - Post Harry Potter


Para cuando salga la traducción ya los retorcedores de Salamandra se habrán inventado un título alternativo como "Harry Potter y el duelo de la muerte", o alguna cosa por el estilo, con el mismo criterio con el que tradujeron "Half-Blood Prince" como "El misterio del príncipe". Para quienes no leen en inglés, luego de leer el texto, un título aceptable sería Harry Potter y los talismanes de la muerte. Suena mejor en gringo, sep. Pero no tenemos una palabra coherente para traducir "hallows".
Pero esto es un post de comentario. Si a Ud. benemérito lector de blogs ignotos, le gustan las sorpresas y tiene pensado leer Harry Potter hasta su séptima entrega (y todavía no lo hizo, se entiende), sería prudente que se detenga acá. Ya dije en otra oportunidad que no me gusta contarle el final de los libros con suspenso a nadie, pero me siento un poco en obligación (conmigo misma) de comentar este libro, y es imposible hacerlo sin hablar de más.
Me es un poco difícil digerir este libro. Todavía. Miré muchas veces la cámara de fotos con la que pensaba fotografiar mi bonito ejemplar (editado por Scholastic, en la foto se lo ve sin la sobrecubierta dibujada, que como es una primera edición todavía no decidí si tirarla como de costumbre o si guardarla) para postear un comentario, y no me decidía. No sabía cómo verbalizar lo que tenía para decir. Y es una sensación persistente, desde el momento en que cerré el libro ayer a la tarde hasta ahora que escribo esto como mejor me sale.
Voy a tratar de ir por partes.
En lo formal, es un libro infinitamente más descuidado que los demás. Supongo que se debe al aceleramiento de la trama, y a que es un libro narrado en un tono más grave, más dramático que los otros: Rowling se mueve con más comodidad en el humor, ahí el lenguaje le fluye de otra manera y salen cosas realmente brillantes. En este libro la trama "seria" (la caza de los horcruxes, y el duelo con Voldemort) casi aplasta lo lúdico que rescata tan bien a los otros seis.
En algo que quedaría ensanguchado en el medio de la división entre forma y contenido, es una novela repleta de golpes de trama. Y en donde viene el climax, ahí aparece algún personaje llorando, y embarra el efecto. Las lágrimas, que le funcionaron tan bien cuando las supo administrar (las de culpa de Dumbledore en Order of the Phoenix, mientras Harry furioso le descuajeringaba la oficina, por ejemplo) acá se convierten en impedimentos. Está bien, uno entiende que todos los integrantes remanentes de la Orden del Fénix y el DA pasan toda la novela en crisis nerviosa, escondidos, presos y eventualmente torturados, pero hay algo ahí que no funciona. El libro se moja demasiado. Hay momentos que hubieran funcionado veinticinco millones de veces con un silencio significativo, o con algún objeto volador sin necesidad de encantamientos.
La trama, está bien. Era lo esperable. Cierra. El único pecado que comete es que termina demasiado bien. No le perdono la redención de Percy Weasley, ni la forma en la que muere Voldemort (cercana al suicidio involuntario, claro), ni la esperable retomada del romance entre Harry y la pelirroja menor. Y el epílogo era totalmente prescindible. Demasiada afirmación de la familia como valor. Uno de los encantos de esta serie era su constante denuncia de todo lo que puede salir mal, una sátira constante de la realidad en clave humorística que podía mover en el lector al reconocimiento de su propia realidad.
Hay que decir que la forma en la que retrató la organización de los Death Eaters (los seguidores de Voldemort), su golpe de estado y su mecanismo de censura y persecución es un verdadero logro. Por estos lados produce más de un déjà vu.
Y puede pensarse, de todas maneras, que el último "all was well" con su dejo de duda (la mano sobre la cicatriz, todavía), de todos modos, redime un poco al resto. Hay algo que recuerda a la felicidad relativa de Candide en el final de la obra homónima de Voltaire. Hay un silenciamiento de elementos entre el final y el epílogo (se cuentan las soluciones provisorias para los problemas de fondo, no en qué dieron después) que deja que un lector adulto con dos dedos de frente que tenga en cuenta el resto de lo que pasó en el libro y la serie se pregunte si esa reclusión en lo íntimo no será sino una forma de perder las esperanzas sobre el resto. La frase que cierra la batalla final, pronunciada por Harry, que luego de que le han asesinado amigos y de que ha escapado a la muerte por un pelo sólo puede pensar en una cama cómoda en la torre Gryffindor, y en la posibilidad de un buen sandwich, deja algo de esto: "I've had enough trouble for a lifetime".
En total, mi nena interior está contenta de que terminó, y de que el núcleo chico de personajes (Harry, Ron, Hermione, Ginny) salió para contarlo.
La adulta tiene motivos de queja, pero guarda el libro con cariño, y lo defiende un poco, como se defiende a un amigo que podría haber hecho las cosas mejor.

jueves, 19 de julio de 2007

Misreading

Lectura rápida de un cartel, desde el colectivo, calle Triunvirato y bien tarde:

"Doomsday".

El colectivo pasa muy rápido el árbol que tapaba parte del cartel.

"Domus Artis, espacio cultural".

Thank God I don't believe in omens.

martes, 17 de julio de 2007

En proceso

Después de grabarla y de escucharla un poco me di cuenta de que es un borrador más inacabado de lo que pensaba (conste que advertí). Pero ya hablé de más en el otro post, y aparte ya lo subí a divshare y no me cuesta nada, así que lo pongo. El título también es provisorio.

Pecado de Omisión.



La idea es reescribir o pulir parte de la letra, y agregar un segmento que corte un poco lo monótono del caso, y puede que también una línea de bajo y otra de guitarra. Con mi voz no puedo hacer mucho. Si no me duermo y hago las reformas estipuladas (puedo tardarme diez mil años o colgarme con otra cosa) en algún otro momento subo otra versión.



domingo, 15 de julio de 2007

Post fallido

De casa al trabajo y del trabajo a casa. La definición de cola de supermercado para dar cuenta de una persona correcta. Odio ser una persona correcta en la cola del supermercado.

La idea de hoy para hacer un post de sábado a la noche era torturar a mi acotadísimo círculo de lectores con un borrador de canción en proceso, en grabación casera. Agradézcanle a un berrinche de mi audacious Audacity, que se empacó y me dejó con el pescado sin vender.

Tres palabras antes de tratar de seguir peleando con mis borradores para terminar un proceso de escritura novelesca viejo, sobre una reflexión de colectivo (105, del trabajo a casa) relacionada con esa misma tarea que pienso reemprender. Por alguna razón incomprensible son los personajes que no formaban parte de las tramas iniciales los que invariablemente se me terminan convirtiendo en los que más me importan, si es que continúo una narración por más de diez páginas (el equivalente a pc de unas diez o quince hojas de los cuadernos de espirales que me gusta usar para escribir borradores), muchas veces con perjuicios tan serios a la línea de trama central que los proyectos colapsan, o se convierten en otra cosa. Hay casos llamativos, verdaderas adicciones a la forma de escritura y de pensamiento que permiten determinados personajes, como el de VG, hermano de un personaje secundario que me desbarató una novela hace unos años y se coló en otra que iba a tratarse de otra cosa totalmente distinta para adueñarse de ella. O el de MS, salido de casualidad, que me tiene pensando en cómo volverlo a usar, porque no puedo soportar la idea de no escribirlo más, con lo que me divierte. O de AS, que salió de entre la multitud en una ceremonia familiar en el fantasy del que hablé hace poco, y que me acabo de dar cuenta que se adaptó de tal manera a la trama que me va a costar conseguir que sucesos que hubiesen pasado con o sin él no parezcan un deus ex machina puesto para salvarle las papas.

Dejo esto por hoy, y mañana si mi computadora está de mejor humor (juro que me vendieron un experimento de inteligencia artificial, este bicho tiene voluntad propia) volveré y seré canciones.


martes, 3 de julio de 2007

Matheson

Una de las ventajas de estar con gripe (por supuesto que tiene sus ventajas, pese a que este mes vaya a cobrar dos mangos en el laburo, y a que el mes que viene voy a tener que ver de qué me disfrazo, porque aparte mango que pongo en el bolsillo me lo gasto) y de haber tomado la (nada) difícil decisión de no dar finales estas vacaciones, es el tiempo para dedicarse a la ficción. Dos películas y un libro en un solo día, sin cargos de conciencia ni parientes reclamando por todo lo que tendría que haber hecho por la higiene de la casa y no hice.
Lo más digno de mención del grupo fue la novelita, cuya tapa se muestra en la imagen que acompaña a la presente entrada. Remanente de mi visita a la pasada Feria del Libro.
Saqué el tomito de mi estante de abajo, ya con una idea de lo que me esperaba. Es un libro que llegó ahí bastante debido a la recomendación de alguien que me contó en tres palabras de qué se trataba (si puedo prescindir de leer la contratapa hasta bien avanzado el libro lo prefiero): un hombre solo y perseguido en un mundo de vampiros. Bien, el resumen de la trama no sonaba para mucho más que un episodio de la Dimensión Desconocida (con todo el respeto que esa benemérita serie me merece), y en parte lo elegí porque la idea era leer algo que no me demandara tener un lápiz a mano. Página 25 (la edición arranca la narración en la 9):
"Los vampiros pertenecían a otra época, como los idilios de Summers o los melodramas de Stoker. Eran sólo un párrafo en la Enciclopedia Británica o materia prima para escritores o películas de segunda clase. Una débil leyenda que había pasado de siglo en siglo.
Bueno, era cierto"

A levantarse, a buscar ese lápiz.
Ese parrafito (más adelante lo iría confirmando) condensa el tono general de la obra. Un hombre solo, rubicundo, cuarentón y fuerte, que escucha sinfonías, asalta bibliotecas desiertas y se dedica a la experimentación con microscopio incluido, contra un mundo que le es totalmente ajeno. Un ser humano que de simple trabajador un poco dependiente de su mujer se va enquistando mental y espacialmente, hasta convertir su casa en un templo de los estereotipos de los sueños modernos: se dedica a todas aquellas grandes obras de cultura que supuestamente habrían de cambiar el mundo (asesinatos incluidos, está el eco de la Segunda Guerra ahí, perfeccionar las armas, espiar al enemigo, percibirlo como esencialmente distinto, física y mentalmente, si está infectado hay que matarlo aunque esté vivo) para convertirse en un ser brutal, sin palabras, con mucho conocimiento técnico, con mucha desconfianza, con muy pocas esperanzas. Un asesino con el que un lector atento se asusta de simpatizar. Porque no queda otra opción, es parte del pacto de lectura, parte del efecto que un narrador en indirecto libre (no pude cotejar con el original, pero todo parece indicar que es una traducción decente) constante y muy bien logrado tiende a producir.
Ganas de decir algo sobre las últimas escenas, más que comentables, no me faltan. Pero no me gusta que me arruinen las sorpresas, ni me gusta arruinárselas a otros.
Ah, eso sí, si se tientan con la edición fotografiada, de Minotauro, y aprecian una lectura en progresión, que se va desenrollando a medida que pasan las páginas (este librito se la merece), no se les ocurra leer la contratapa.

I'd rather be in this noise,
suffocate in this noise, colder,
it means so much to me

El sábado a la mañana arranqué este post, que quedó archivado en borradores. La última palabra en el original era "trámite", en negrita. No sé por qué se me da por terminarlo un día de semana a la madrugada, con fiebre y con jirones de jirones de lo que entonces tuve en mente, pero helo aquí:

Llegan más o menos las nueve, último día de la semana y casi al fin de la cursada, y para esa altura todos estamos más o menos cansados. Entonces llega el showtime. Esos son momentos en los que realmente se echa de menos un pochoclito. Bueno, hay que conformarse con lo que hay. Todo muy predecible, salvo por la pulcritud excepcional de la profesora. Pequeñas (¿)ventajas(?) de leer los correos antes: uno sabe más o menos a qué atenerse.
Recomienzo.
Si Usted es un lector paciente y aplicado (esos que escasean en el ciberespacio) recordará que quien suscribe está cursando un seminario sobre Samuel Beckett. El de LC, claro, puanero. Seminario que exigía de nosotros, entre otras cosillas, el requisito de ir a ver una puesta y hacer una reseña. Bien, tal vez sea bastante predecible, pero los que se sentían con ganas de expresar su agonístico disenso con la profesora eligieron enviar sus trabajos en último lugar, una vez que ya todos habíamos cumplido con el trámite.
La escena no podía ser más obvia, más trillada, más trivial. Las dos reseñas tenían tonos bien distintos. Una, más tímida, se dedicaba a tirar palos solapados a la no siempre feliz persecución del detalle en el discurso de la profesora (a veces obsesiva, sobre todo molesta cuando el criterio sobre si un detalle es importante o no pasa por si Beckett lo dejó así hasta la hora de su muerte o en algún momento se le dio por cambiarlo), y sobre todo a otra reseña que oímos (bastante bien fundada, pero que, hay que reconocer, habiendo ido a ver el mismo Krapp, en el efecto de conjunto resultaba injusta, destrozaba un trabajo generalmente cuidado y aceptable, probablemente porque no se adaptaba a la imaginación de quien la escribió al leer a Beckett) una o dos clases antes. La otra, sobre Primer Amor (como la mía, cuya versión primigenia y en criollo anda aquí) era graciosa de leer: nota al pie al segundo párrafo de cuatro, referencia al Kafka-Para una literatura menor, Deleuze, ora pro nobis. Sí, cita de autoridad en una reseña de teatro. Belicoso, revoltoso, incapaz de usar sus propias armas, único que necesitó convertirse en ventrílocuo de nombres ajenos por más de una línea (por todo el artículo, hasta que se convertía en un marco teórico incuestionado, fanatizado y usado de un modo más bien desprolijo), muchacho que evidentemente se comió más que una clase bajalínea de Link y no la digirió del todo bien.
La escena entonces: un muchachito flaco enrollado sobre sí mismo, sentado pegado al lado de otro con el pelo de costado muy a lo moderno, manos en los bolsillos, despatarrado en su banco con expresión sobradora, en frente la profesora con un fiendish glee grin (merece ser dicho en gringo) esperando para comérselos crudos con sus años de manejo de discurso académico.
El resultado: más rato del necesario en un diálogo de sordos que recayó en temas grandilocuentes como la Libertad, la Creación y otros de esos camiones a los que uno siempre les maneja a una prudencial distancia cuando escribe discursos académicos, sobre todo después del primer año de facultad y la primera tanda de finales. Llovieron palos para todos lados, los integrantes de la cátedra defendieron a su jefa como tigres para hacer número, todos los implicados se fueron a casita (no lo dudo) con el convencimiento de haber sido los vencedores morales de una discusión que no llevó a ninguna parte. Nadie tenía ganas ahí de cambiar de opinión.
Todo porque se trata de un seminario sobre un autor. No sobre un escritor, sobre un autor, en plena posesión de su autoridad. Cuestionada hace rato, en una de esas relaciones de amor-odio nunca resueltas: muy bien, cantemos todos el estribillo de la muerte del autor, precio de tapa diez euros, eso son cuarenta mangos, diez por ciento para el autor o sus deudos. ¿Cómo, no es que no había tal cosa como un autor? Lo siento, cuarenta pesos, poniendo estaba la gansa. Y si sacás una fotocopia lloramos todos a gritos en la feria del libro.
Es necesario transgredir el sentido, no existen las autoridades. Cita al pie de página, nombre del autor que lo dijo, porque claro, quién soy yo para pensar con mis propios sesos, para usar los textos en lugar de reproducirlos.
De la otra vereda, no son importantes los sombreros de Godot porque Beckett, Samuel, sí, el que hizo famoso el apellido, los sacó en una puesta al final de su vida, porque no lo aplastó un coche un año, o incluso un día antes.
La incómoda sensación de que la respuesta ha de buscarse en otra parte.

lunes, 25 de junio de 2007

Porteñada





Los que se sientan como yo, acompañen a gritos por favor:



Voy a la cocina, luego al comedor,
miro las revistas y el televisor,
me muevo para aquí, me muevo para allá.
Norma Plá a Cavallo lo tiene que matar.
Que me vienen con chorizo, pero ya va a llegar.
Que cocinen a la madre de Cavallo y al papá
y a los hijos, si es que tiene
o a su amigo el presidente no le dejen ni los dientes.
Porque Menem, Menem,Menem se lo gana
y no hablemos de pavadas si son todos, traficantes
y sino el sistema qué, y sino el sistema qué, qué.
No me digan se mantiene con la plata de los pobres
eso sólo sirve para mantener algunos pocos.
Transan, venden
y es sólo una figurita el que esté de presidente
porque si estaba Alfonsín el que transa es otro gil.
Son todos narcos de los malos,
si te agarran con un gramo
después que te la pusieron.
Se viene la policía, de seguro que vas preso.
Y así sube, la balanza, el precio también sube,
también sube la venganza.
Y ahora va, y ahora que?.
Son todos narcos y el presidente
es el tipo que mantenga mas tranquila a nuestra gente,
llega plata del lavado,
mientras no salte la bronca el norte no manda palos.

Ay ay ay, uy uy uy
Que me dicen del dedito que le meten en Jujuy?
Ay ay ay, uy uy uy
Que me dicen del dedito que le meten en Jujuy?

Es ese Perro, El Santillan
si no lo pueden voltear lo van a querer comprar,
con discursos, si no les sale,
son capaz de darle acciones a los grandes mercaderes,
eso no importa, porque el Perro
va dejando otro perrito que le mete a este sistema
el dedito en el culito y cómo sangra y no es el culo,
sino el que sangra y se retuerce
es el gran culo de este mundo,
Adiós el muro stalinista,
los demócratas de mierda y los forros pacifistas,
todos narcos, todos narcos,
todos narcotraficantes, te transmiten por cadena,
son de caos paranoiquean,
te persiguen si sos puto,
te persiguen si sos pobre,
te persiguen si fumás,
si tomás si vendés,
si fumas si compras
un pobre tonto para hacer para comer
si tomás vendés comprás fumás
y vayanse todos a la concha de su madre
y ahora que?, que nos queda?
Elección o reelección para mí es la misma mierda
Hijos de puta! en el congreso,
hijos de puta en la Rosada
y en todos los ministerios
van cayendo hijos de puta,
que te cagan a patadas...

en la selva se escuchan tiros
son las almas de los pobres,
son los gritos del latino...(x4)
ellos tienen el poder y lo van a perder...
en la selva se escuchan tiros
son las almas de los pobres,
son los gritos del latino...

jueves, 21 de junio de 2007

Kashmir - No los puedo echar sin dejar un link


A los que les haya gustado el botoncito de esta banda dinamarquesa que dejé allá al costado hasta anoche, les dejo el disco a mano, con colaboración de Bowie por alguna parte y todo. No podía simplemente cambiar el tema sin dejar rastros, porque la verdad es que tengo una debilidad por este conjunto de 11 pistas.
Es realmente un gran trabajo, se merece ser escuchado de corrido, y a todo volumen de ser posible.

No Balance Palace - Link restaurado


Este link se autodestruirá en 7 días. Si usted pertenece al mismo conjunto de personas que yo, es decir, los que nos acordamos o nos enteramos tarde de todo, lo puede pedir y me tomaré el trabajo de volvérselo a subir.

viernes, 15 de junio de 2007

En la pasarela de bochos

—¿Qué entendés por snob? —preguntó Oliveira, más interesado.
—Bueno —dijo la Maga, agachando la cabeza con el aire de quien presiente que va a decir una burrada— yo me vine en tercera clase, pero creo que si hubiera venido en segunda Luciana hubiera ido a despedirme.
—La mejor definición que he oído nunca —dijo Oliveira.


Dentro de los mandatos estéticos del estudiante de literatura hay uno que incluye volar bustos de yeso a palazos. Es de buen gusto citar a un Fulanito Menganoni que conocen cinco gatos locos y que se compró de oferta en la mesa de saldos más cercana de Corrientes, de mediano buen gusto una cita de lírica rock, un bizarrismo que tiene su parte de gesto de ay pero qué poco académico que soy en la cita de literatura pop (bueno, soy un poco culpable de eso, con mi inocultado fanatismo por la narrativa de J.K. Rowling que el lector atento y curioso (de cuya existencia por lo menos dudo) habrá notado en algún lado), por lo general acompañada de un largo tramo de justificativos, y mala palabra citar el canon, sobre todo en sus partes más populares, aquellas que una señora gorda que no tocó más de un libro cada dos años desde la secundaria, con suerte, reconoce como el canon.
Mi edición de Rayuela llegó a mi estante de abajo (recién estrenadito entonces, formación original, pena que no hubo click para la foto (aunque sí hay listas manuscritas, en algún lado)) por designio de mi abuela. Señora querible pero muy conservadora, que sabía que era un libro conocido de un autor de buena reputación, pero que se podría haber horrorizado visiblemente de darle eso de leer a una nena de 14 años si hubiese sabido lo que había adentro. (Juro que, tangencialmente, todo esto tiene que ver, paciencia). De hecho, me acuerdo de alguna mirada de leve alarma cuando notó que no estaba leyendo el libro de comienzo a final, sino que saltaba con confianza de la página cuatrocientos a la veinte sin mosquearme. Recuerdo que agarré el libraco cuando realmente sentí que no tenía nada mejor que leer, porque esperaba (uso mi definición de entonces, registrada en los nombrados inventarios) un bodrio de renombre.
Un estudiante de letras que se precie leyó y amó Rayuela. Pero si le llega el esnobismo intelectual ambiente deja que lo citen los blogs de los que llegan a la literatura desde fuera de la academia, los señaladores y las cartas de amor melosas. Él o ella va a citar autores ignotos para el común de los mortales (lo que tiene su parte loable, por supuesto, hay que difundir, el problema está en la restricción) y teóricos preferiblemente franceses. Cortázar, a los intertextos, encuéntrelo usté si tanto le gusta don, que no se lo vuá servir en bandeja. Ni le vuá recomendar que lo lea, si no lo conoce. Palazo al vacío. Y quien hable de estas cosas quedará confinado a las miradas de costado, sospechoso de asesinato, pero si esto no es actual, qué te pasa. No sólo en la ropa existen los in y los out, cool hunters encubiertos en la estética de las palabras hay unos cuantos. Basta mirar los links de un blog literario para sacar la vestimenta intelectual de quien los pone.
En alguna parte de esto prometí que iba a cerrar el sentido de la entrada, y pedí paciencia. Mis más sinceras disculpas a los que llegaron hasta acá y no comprendieron una sola palabra, o no consiguieron cerrar la coherencia laxa del fragmento en algo que parezca tener una cosa que se asemeje, en algo, al sentido.
Confío en que no serán todos.

martes, 12 de junio de 2007

Sobre las estaciones fantasma del subte A



No me gustaría pensar que soy la única loca que extraña las estaciones muertas de la línea A, reducidas a una condición utilitaria de raros depósitos y paneles de interruptores incomprensibles. Pero paso cada mañana el tramo entre Miserere y Congreso buscando los rastros de las estaciones perdidas, una a cada lado.
A la de más cerca de Once la tuvieron intacta hasta hace un parcito de años: oscura, con sus escaleras que no llevaban a ninguna parte y su boletería fantasma, pero en un buen estado que nada tenía para envidiarles a las que estaban en uso. Tal vez el polvo la mantenía bien, vaya a saber. Por un tiempo tuve la rara ilusión de que estaban por reabrirla, cuando las refacciones y las persianitas. Se me fue el alma al piso cuando vi que las persianitas eran para tapar interruptores, porque hasta entonces no podía ver la hora de poner las patitas sobre los escalones que tanto me habían intrigado siempre.
La otra la incluí por mucho tiempo en mis pesadillas antes de notar, el año pasado o el otro, que era efectivamente otra estación reutilizada, tapiada hasta unos centímetros del tope y cubierta luego hasta arriba con alambre tejido a punto grueso (en esta foto que puse eso no se ve bien). La noté mirando hacia el otro lado, por la pared opuesta azulejada que la delata, y la verifiqué luego en el resto de plataforma, viajando a propósito en el primer vagón para verla. A veces, muy de tanto en tanto, prenden las luces (tubos) adentro, y entonces se llegan a ver los azulejos amarilentos adentro, la forma de donde termina el pasillo y se va hacia donde estuvo la boletería, la escalera fantasma que tiene su baranda de hierro forjado correspondiente pero que arriba no conduce a ninguna puerta visible, a lo sumo un chapón que se me habrá escapado.

En todo caso siguen ahí, lugares que pierden su misterio en la certeza del contacto humano que enmohece las leyendas de ciudad y las llena siempre de agujeros.
Según Santa Wikipedia, origen de una de las fotos porque a esa hora de la mañana y en semejante estado de sardinización no se me viene la veta fotográfica (la otra delata su fuente solita), las estaciones tuvieron nombres. La cerrada hace más tiempo es Pasco Sur,y la otra lleva el (originalísimo) nombre de Alberti Norte. Las cerraron en el 51 por las razones prácticas arriba sospechadas.

sábado, 2 de junio de 2007

El olor de las fieras, agazapado tras unos papeles viejos

No hace falta ser lector de Proust y de las teorías evolucionistas más locas para que los perfumes y la memoria se liguen. Aunque parezca imposible acordarse (o que te acuerden) del franchute cuando haga falta, muy bien, casillero dos, firma al final del formulario. Quien se haya dado una vuelta por acá se dará cuenta de que las teorizaciones sesudas basadas en los ecos de los ecos de los ecos de los humanos que escribieron y pensaron y amaron antes que yo, en escritos de entrecasa como los que acá me entretienen, me tienen bien sin cuidado. Los nombraré cuando me vengan al caso, cuando me sienta con ganas de citar, no cuando convenga.
No me habría hecho falta conocer lo que otros digan sobre olores, para sentir la necesidad imperiosa de abrir un frasquito de perfume en gel, darle una olisqueadita de tanto en tanto, y hacer volver una noche en una parada de bondi con frío y polera perfumadita hasta la nariz, el peso irrisorio del violincito en su estuche a la espalda, la sensación de que nunca había sido tan feliz como entonces, pero.
Es un frasco muy chiquito, me lo compré casi específicamente para eso cuando supe que el perfume se dejaba de hacer, y ni se me ocurriría usarlo. Primero, por la misma razón por la que compré el frasco para la cartera de la dama, gel con sistema roll-on, 10 ml de nada: lo mismo que a mí me trae buenas memorias puede no traerlas tan buenas para gente que veo todo el tiempo, y que pasó de robármelo cuando lo usaba a odiarlo, con el tiempo. Porque los perfumes cargan con ellos las dichas y culpas de quienes los llevan puestos.
Aparte, como he dicho, el perfume no se fabrica más, y no creo que me pudiese resignar tan fácil a terminarme la última botellita a la que probablemente tenga acceso.
Así que simplemente lo encuentro, lo huelo, y lo guardo por cualquier parte (alguna vez tendré que decir algo sobre mi necesidad práctica pero obsesiva de tener siempre las cosas más o menos en el mismo lugar), por ejemplo en uno de los innúmeros cajones de mi cuarto, porque es chiquito y así después, casi inmediatamente después, me olvido del asunto y puedo volver a encontrarlo cuando no se lo llama, abrir la tapita de plástico dorado que corona de la forma más berreta la opalina que contiene el gel blancuzco, levemente irisado, y entonces acordarme de noches de invierno, de aquel período en el que tenía "por favor no me pellizquen" de nickname por todas partes, del minuto antes de que todo volviese a demostrar ser hermosamente cíclico, espiral en la que nada pasa dos veces pero aún así siempre volvemos al reflejo, y es bueno mirarse en el espejo de tanto en tanto.
Cuando empecé esta entrada sobre el frasco de perfume pensé en sacarle una foto. Quedan tan bonitas las fotos en los blogs. Pero después descarté la idea: lo que importa no es el frasco, que no puede ser más antipático, lo que sí importa es el olor. Pero olores y texturas son las cosas que este medio nos niega. No puedo escanear el perfume. Como no puedo escanear el olor particular de algunos libros. Tengo uno que compré hace diez años en Barnes & Noble, una sucursalde Indianápolis que tenía un café que desmentía la mala fama de los cafés norteamericanos: perfumado, espeso, llegaba a llenar la librería, inmensa con ganas, de un tufillo delicioso a café. Uno podía agarrar los libros, llevárselos al café y hojearlos con calma, práctica que a mí me resultaba totalmente nueva, El Ateneo de Santa Fé no existía, ni el Distal de Florida, ni tantos otros que fueron copiando la idea después. Pues bien, mi colección de Sherlock Holmes comprada en esa librería todavía, diez años después, sigue teniendo el olorcito ese raro que tienen las ediciones americanas y algunas inglesas, no sé si por el tipo de papel o de tinta, mezclado con un dejo de olor a café. El mismo olor de la librería aquella.
Y después hay quien dice que no hay diferencia entre leer de la máquina con un monitor decente y de un libro.
En todo caso, el post va sin imagen. Si conocieron alguna vez un perfume de Avon que se llamó Dreamlife y que duró, como quien dice y para seguir con las analogías olorosas, menos que pedo en botella, recuérdenlo ->aquí<-