lunes 13 de julio de 2009

Fuente de Barrenton - Broceliande






Ahora que sé que esto sigue ahí quiero ir a tirar agua en la piedra del costado, che. Wace decía que no funcionaba, ¿hará falta llevar jarra de plata, tal vez?

domingo 12 de julio de 2009

Donde la hierba aúlla sus endechas de nodriza loca

Hay una escena en la vieja y hermosa Nausicaä del Valle del Viento que, más allá de la obvia declaración ecologista de principios (que en films posteriores iba a ir velándose de a poquito) funciona muy bien para pensar el cine de Hayao Miyazaki en general. La princesita muestra a su maestro su pequeño delito personal: en un sótano al que se accede por una puerta secreta, ella fue cultivando con paciencia un pequeño vivero alumbrado por lámparas artificiales. Las plantas, cuyas esporas todos consideran altamente tóxicas, son perfectamente inocuas ahí adentro. Un pequeño paraíso de naturaleza cruel suavizada por las manos humanas.


Algo de esto hay en todos los paisajes y ambientes de Miyazaki: una belleza suave, mullida, que muestra el lado simplemente triste de lo problemático. La guerra no deja de ser guerra, pero está estilizada de modo tal que puede mostrarse un río de sangre sin caer en el morbo; el trabajo es duro y mal remunerado y no se lo esconde bajo estereotipos de libro de escuela; la persecución es injusta, y a la vez es parte constitutiva de instituciones con las que casi nadie se mete. No hay más concesiones a la edad madurativa de los espectadores que las necesarias para que la censura deje pasar chicos a las salas, no hay intentos de simplificar lo difícil para volverlo tolerable como en una película de Disney. Hay, de hecho, una anécdota legendaria al respecto: Cuando se encontraron con Mononoke Hime, los de Disney-Miramax, que son los distribuidores de las películas de estudio Ghibli en Occidente, creyeron necesario hacer un par de recortes, porque la trama era muy compleja y ellos la creían poco apropiada para los niños americanos. El productor de Ghibli, cuando se enteró, les mandó como respuesta un sable samurai y un mensaje de dos palabras (la tradición habla de dos kanjis): "Sin recortes".
Es que en estas películas, en la belleza detallada de los rostros de las viejas, en los paisajes románticos, el espanto aparece y no deja de ser espanto, pero en forma de pesadilla ordenada en la que sigue habiendo espacio para cierto grado de contemplación.
Por mi parte, si pudiera elegir la estética de mi tortuoso mundo onírico elegiría sin dudarlo la mano ágil de Miyazaki para ilustrarlo.

jueves 9 de julio de 2009

Reclamo




Esta tarde, trabajo sobre Chrétien de Troyes mediante, me vino a la memoria este sketch de Les Luthiers.


lunes 29 de junio de 2009

Spooools


un elemento que se le perdió a Sam B. sobre las cintas de Krapp es la tendencia que tienen los rollitos a enredarse, a que se les quiebren los soportes, a cortarse, a desmagnetizarse, a convertirse en registros deshilachados de un pasado que parece mucho más arcano que el de las fotos y el de la memoria, espectro ruidoso de seres que no están, o que nunca más volverán a ser



vaya a saber qué resonancias tiernamente siniestras se nos estarán perdiendo cuando pensamos en estos medios técnicos que nos lanzamos a usar cuando escasamente sabemos en qué se convertirán cuando vengamos a buscar sus viejos huesos

viernes 19 de junio de 2009

Proverbios flamencos - Brueghel

Uno de esos cuadros que obligan al que lo mira a tener ojos infantiles. Es algo que pasa muy a menudo con Brueghel el viejo, sus cuadros tienen algo de travieso, algo del exceso con el que la mirada de un chico solo y aburrido puebla el mundo, que no tiene nada que ver con la inocencia ni con el consumo, esos dos monstruos que quieren pasar por niños.

(click en la imagen para agrandar)

Para quienes no lo conozcan de antemano, todo el cuadro (en serio, todo) es una representación de imágenes literales de dichos. La mayor parte ya son irreconocibles para nosotros, pero si miran bien hay un par que se usan en castellano hoy en día.

jueves 18 de junio de 2009

Para salir de Devoto

(Post intrascendente. El que avisa no es traidor)

En el colectivo de vuelta de mi última visita a la cárcel de Devoto (en este contexto), con un cansancio infinito que no parecía venir de ninguna parte reconocible, tomé dos decisiones que debí haber tomado hace tiempo: es hora de que me resigne a no seguir con Latín y con Francés este cuatrimestre. Es obvio que mi cursada de oyente de Latín III no está funcionando, no puedo ir nunca y ya perdí registro de lo que sea que esta gente pueda estar dando hace un par de semanas. En todo caso veré de pedirle a una conocida que me preste sus notas como para intentar reintegrarme en el segundo cuatrimestre, con otra agenda y otros tiempos. Y Francés, bueno, la macana es que llegué hasta acá y que pagué dos cuotas, pero lo cierto es que ya de por sí me tengo que ir antes vez por medio, así que mi par de ausencias por enfermedad derivó en que estoy bastante perdida. Sé que si me pusiera y convenciera a la profesora de que me tome el examen igual paso de nivel, pero también sé que eso no sólo implicaría hacer uso de un tiempo del que no dispongo, sino que además desaprovecharía bastante el curso, lo que sería una verdadera pena.
Por el momento, entonces, será cuestión de juntar fuerzas para terminar ese primer borrador manuscrito (el primero de corrido y más o menos coherente, las ideas centrales del trabajo que empiezan a tomar forma) de monografía beckettiana que me espera en el escritorio de al lado, antes de que termine de saturarme con el tema. Históricamente aligerar cargas dejando las cosas que me sirven como cables a tierra nunca me ayudó mucho (lo hice unas pocas veces, con resultados diversamente desastrosos), así que no puedo sino esperar que esta vez sea una excepción.

lunes 15 de junio de 2009

En pedazos

Si hay una imagen capaz de evocar la sensación que me produce el proceso de redacción de una monografía, esa es la de un juguete que tuve en mi infancia noventosa: la Despelota.
El planteo de una pre-hipótesis, entonces, vendría a ser equivalente al momento de adquirirla: armadita, una bolita de colores, perfecta y sólida bajo la irrealidad del plástico que la protegió en todo su camino hasta las manos de quien se atreve con ella. Hermosa y coherente en su aparente simpleza, más sólida y más cerrada que un rompecabezas cualunque y menos amenazante que un cubo mágico.
Entonces, un buen día, uno se compra la hipótesis-despelota, se la lleva a su casa y la desempaca. Y la coherencia se deshace en gajos de colores. Es la perplejidad desesperante del proceso previo a la redacción: ¿qué se supone que haga con todo eso? ¿No se me habrá caído algo abajo de la cama, no? O también, ¿no sobran piezas acá? Uno mira, mira, manipula las piezas que de golpe se convierten en seis enemigos, parece que a la bolita bonita de la juguetería uno no la va a ver nunca más, y hasta surge la fantasía de tirar todos esos pedazos de porquería a la basura, pero a falta de mejores juguetes uno sigue, insiste, piensa, mira y remira, prueba algunas piecitas juntas que se desarman entre los dedos sin durar más de dos segundos puestas.
Así, por ejemplo, la correspondencia Beckett-Schneider es un hermoso gajito verde, que se balancea al lado de los comentarios blancos de Billie Whitelaw, cruzados descuidadamente con la alegría negra de la directora JoAnne Akalaitis porque el viejo se había muerto y eso le mejoraba las chances de volver a conseguir permiso para representar una de sus obras. Y al lado, un par de artículos variopintos, el rango que va desde una hermenéutica bien enrojecida a comentarios azulados por falta de aire en el cerebro.
Y entonces uno sabe que comienza a tratar de armarla, pero vaya a saber cuándo se podrá estar en condiciones de volver a ver la bolita entera, y seguro que no va a quedar con la misma disposición de colores que tenía en el embalaje, pero no importa, ¡mientras se sostenga! Pero se resiste, se resiste.
Y encima uno sabe bien también que el día que la termine, con un poco de suerte, va a rodar y a parecer sólida de vuelta. Hasta que alguien la deje caer al piso.
O hasta que el movimiento normal del olvido al que uno la mande la desarme, y dos o tres años después uno se quede mirando, perplejo, los cinco pedacitos de pelota en el fondo de una caja y se pregunte cómo se sostuvo eso alguna vez, y adónde cuernos habrá ido a parar el gajo amarillo que no aparece por ninguna parte.

jueves 11 de junio de 2009

Perlitas de la correspondencia Beckett-Schneider



"I'm afraid I don't know when life begins. I'm still waiting, personally." - Sam B.



"I dream sometimes of all German directors of plays with perhaps one exception united in one with his back to the wall and me shooting a bullet into his balls every five minutes till he loses his taste for improving authors." - Sam B.



"Jean sends her love, also Vicky.
Also our four goldfish named Hamm, Clov, Nell and Nagg." - Alan S.

sábado 6 de junio de 2009

Porca miseria

El Village Caballito hoy parecía la tapa de una revista de actualidad barata: hordas de Cumbio wannabes por todas partes hablaban a los gritos y se detenían en grupitos chicos por todos lados, especialmente en aquellos lugares en los que podían impedir el paso. Para cuidar mi castigado sentido del oído pasé rápido hacia el Cúspide, que era mi principal objetivo hoy en ese edificio. Ante mis ojos incrédulos se presentó este pequeño espectáculo:



Al parecer se trata de un thriller en el que se cuenta cómo un laboratorio larga un virus de gripe que se convierte en pandemia no sin una dosis de exageración mediática, según pude ver. No es que haya sido una publicación oportunista, ¿no?

Al caso, el escritor, un español cualunque de apellido Caralps, posteó una cuasi-disculpa en su blog, que al parecer se reproduce en los volúmenes fotografiados arriba:
"Cuando escribí esta novela no había ninguna epidemia. Lo que quise hacer fue contar una historia que reflejara algunas de esas preocupaciones que los ciudadanos de a pie tenemos tan a menudo, al leer los diarios y ver las noticias de la televisión.

Terminé esta novela hace dos años, y su publicación estaba programada para más adelante, una fecha algo incierta en un año de crisis. La virulencia de la epidemia de gripe que asola al mundo mientras escribo esta nota, y la impactante similitud entre la realidad de los hechos y la fantasía de mi novela, hizo que mi editora y mi agente se confabularan para publicarla de inmediato. "

De eso al parecer hace algo menos de un mes. 


Cabe preguntarse si los editores españoles no tendrán un stock de libros inéditos sin imaginación listos para ser retitulados y lanzados al mercado cuando el menú periodístico del mes lo permite.

domingo 24 de mayo de 2009

Audio

(post no apto para cualquiera)

Una tarde entera sentada en distintos puntos del parque Rivadavia. Lo que puede escucharse abajo hay que imaginarlo en contexto: uno de los pocos bancos con sombra a las 3 pm, una señora de unos setenta y pico con un changuito con libros (en algún momento me comentó con entusiasmo que acababa de comprarse una novela sobre unos castratti) y un promotor del Shopping Caballito, que se acercó a promocionar actividades para la tercera edad. Yo, mientras tanto, intentaba leer un libro sobre puestas de Beckett. Vaya combinación oportuna.
Grabé un fragmento. Me arrepentí un poco de haber cortado la grabación, lo más interesante vino después, con el comentario sobre el desalojo de la Huerta Orgazmika. La que de tanto en tanto canturrea un poco, si les alcanza el oído para escuchar eso, soy yo. 


sábado 23 de mayo de 2009

A full fortnight's agony

Bien, ya entregué y defendí mi monografía sobre A tale of two cities para Literatura del Siglo XIX. Todo se resolvió con una tarde de nervios, una página en la libreta y ocho centésimas más para mi promedio, que empieza a lucir más o menos decente. 
Quedan dos monografías más. Las dos de seminarios. Tal vez debería tomarle la idea a esta muchacha, pero me gusta demasiado dejar a mi ello sueltísimo. Y no suelo robar ideas ajenas muy seguido.
Igual no voy a perder la posibilidad de torturar a mis cinco lectores con las sobras de mi trabajo académico. Por lo que estoy viendo, es muy probable que, a diferencia de lo que ocurrió con Dickens, caiga una cantidad significativa de material semidescartable al blogcito: por una parte, Beckett tenía un sentido del humor más retorcido, y una tendencia al fragmento suelto que Dickens nunca tuvo. Por otra, mi monografía dickensiana era un trabajo muy organizado y puntual, casi desde el principio, pero para la beckettiana tendré que andar un poco a tientas y encontrar mi camino a los tumbos. Creo que en una quincena, o tres semanas como mucho, tendría que poder entregarla y dedicarme a la última, un trabajo sobre Chrétien de Troyes que haré con mucha más calma, y probablemente en mucho menos tiempo.

Por hoy, entonces, la primera entrega de restitos:

Un video de una representación alemana de Quad. No lo encontré entero en ningún tubo (esto es apenas la mayor parte del Quad 1, falta el remate de este y el 2, que a mí me gusta un poquito más), pero alcanza para notar lo importante: un concentrado de la obsesión de Sam B. con el espacio y el ritmo. Es muy probable que base buena parte de mi monografía en esto.





Como frutilla de postre, un comentario que le hizo Beckett al director Alan Schneider en una carta, allá por 1957:

"I should make it clear that I want Endgame, too short (one hour and a half) to provide a full evening's agony, to be followed in NY by the mime* (20 minutes), and not by another short play by someone else"


* O sea,  Act without words I

sábado 16 de mayo de 2009

Hoy me compré mi primer pendrive. Volví a pensar en mi normal retraso para adquirir gadgets tecnológicos: siempre compro este tipo de cosas cuando ya se han vuelto estrictamente necesarias, y relativamente baratas ($35). Ya alguna vez le dediqué un post a eso.


Cuando lo saqué del blister noté que tenía el mismo olorcito a plástico nuevito de los juguetes recién desembalados de mi infancia. 

sábado 9 de mayo de 2009

El chip de Spike


Como un vampiro que no puede morder. Un Roman de Troie en edición de páginas enfrentadas, verso francés antiguo y traducción en prosa moderna, en un stand adentro de la Sociedad Rural, a un precio razonable si se lo piensa en euros, no entre gentes como yo, de los que cobramos nuestro puchero en pesos argentinos. Nadie miraba. Pero no, no podría llevarme un libro sin pagarlo, aún sabiendo que hay argumentos morales de cierta validez para sustentar mi derecho a hacerlo.
 
Me tuve que contentar con llevarme de ese stand dos tomitos de la misma berretísima colección Librio, Le Spleen de Paris de Baudelaire y Les Illuminations de Rimbaud. Total para mi nivel de francés actual no tiene mucho sentido que me ponga en exquisita con la calidad de la edición, y de acá a que esté en condiciones de lamentar estas probablemente ya voy a tener la fortuna de J.K. Rowling. O, lo que es también probable, mis largas tardes de rebusque haciéndome amiga de las polillas y los ácaros de las librerías de usados me habrán deparado hallazgos que lo suplan*.




Mis visitas a la Feria del Libro siempre se encuadraron en uno de dos recorridos típicos: 

1- Ir con alguien. En ese caso, dependió siempre mucho de con quién y de qué clase de relación con los libros compartiéramos: las actividades variaron entre funcionar sin muchas ganas de guía y recomendar libros, o con compañías más librescamente afines andar de acá para allá compartiendo hallazgos o pequeñas lecturas en voz alta en los pasillos. En todo caso, el rasgo común fue el desorden, el andar de acá para allá revolviendo mesas con resultados diversos y con tiempos distintos (a veces mayores, a veces más cortos) que los míos.

2- Ir sola. Lo cierto es que la cosa de los stands sobreiluminados, los parlantes encimándose, y la sobreabundancia de sponsors, libros de autoayuda y viejas gordas sobreadornadas y creídas de su superioridad siempre me cayeron pesados, y que siempre traté de acotar la visita a lo estrictamente necesario: ver dos o tres puestos determinados, buscar este o aquel libro, pasar rápido por los stands de ofertas, irme. Una visita mía sola jamás duró más de una hora.




Esta vuelta había decidido tomarme la tardecita y noche para mí. Así que como estaba de buen humor se me dio por ir sola y tomármelo con calma. El resultado: cómo extrañé mi cámara de fotos, che. Seguramente el encabezado del post habría sido una foto de uno de los lemas menos felices que vi, "bestsellers for book lovers", en una pared externa del stand de Kel (librería que siempre se caracterizó por sus excelentes frases profundas), y por acá habría habido otra foto mía en un reducto que simulaba una tienda árabe, sentada en unos almohadones muy cómodos y leyendo en un Corán bilingüe (eso de tener la paginación al revés complica realmente la existencia) el pasaje en el que se cuenta la concepción de María y se refuta el cristianismo.



Y sí, es que la Feria es eso, una feria, todo pasa por tomarla como tal y disfrutar de lo circense del caso. De paso, volverse con algún par de libros baratos (o afanados, si usted es un delincuente sin escrúpulos) en bolsitas lindas, siempre inversamente proporcionales al tamaño del tomo.


* Hace cosa de tres semanas me compré un Hernani de Victor Hugo en francés, editado por su editor original alrededor de 1889, a 10 manguitos en una librería de Corrientes digna de Umberto Eco.

viernes 8 de mayo de 2009

Miscelánea

Buenos Aires es una ciudad más o menos chata, pero no del todo. 
Hoy al volver a casa desde el Instituto de Filología noté, por primera vez, en la sensación de estar acelerando involuntariamente el paso, que Díaz Vélez hacia el Oeste, por lo menos llegando a casa, está en bajada. Podría haber vivido toda mi vida como estos cinco años que llevo en el mismo departamento, sin darme cuenta, de no ser porque mi cuerpo hoy cansado y engripado agradece los declives y porque haber transitado un ratito antes la cuadra de Perón entre 25 de Mayo y Alem (¿de cuánto será el ángulo de esa cuadra? yo apuesto a 40º) hace que cualquiera quede más sensible al relieve del terreno. Y eso que es una bajadita importante, más o menos unos quince centímetros cada dos metros.
De haber tenido plata para comprarle pilas a mi mp3 probablemente habría cruzado la cuadra colgada en algún razonamiento insostenible que incluyera, por ejemplo, a Dionisio Aeropagita y a Bob Dylan, vagamente motivado por algo de lo que leí para mi reunión de estudio de hoy.
No sé bien qué hago escribiendo esto. Nunca vino más a cuento la cita del costado*. 





* En el momento de publicación: "Nada más fácil para un escritor que escribir sobre sí mismo; nada más aburrido que la vida de un escritor."

martes 5 de mayo de 2009

El abuelo Portones ya no reconoce a la familia




¿Qué? ¿Vos sos mi hijo? ¡No, usted lo que quiere es envenenarme el puré de zapallo! ¡Enfermera! ¡Écheme a este individuo sinvergüenza!




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(Sí, Microchot lo hizo de nuevo)