sábado, 4 de febrero de 2012

Frío en un febrero porteño


Esto, de anteayer, ya lo hice circular por redes sociales antes. Dudé un poco de ponerlo o no acá, porque es ciertamente el borrador más desprolijo que subí en mi vida: el instrumento (un charanguito viejo, apolillado y arqueado) me queda incómodo, y nunca aprendí realmente a tocarlo. Cantar pensando en dónde pongo los dedos porque siento las cuerdas desordenadas es otro lío extra. Y la letra, un intento de mitigar los efectos de un calor sofocante con una fresca metafórica (y, tal vez, metafísica), no me quedó prolija.

Pero no sé por qué, a este hijito deforme y enfermo de mi cabeza me sale quererlo.




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