jueves, 6 de mayo de 2010

Mientras no estuve

Ahora que, en tal vez el primer momento de verdadero ocio robado a la noche en diez o quince días, me pongo a intentar hilar algo con los retazos podridos de ideas escribibles que fui acumulando en mi cabeza (este es el quinto comienzo de este post), caigo en la cuenta de que el objeto-libro atraviesa todas las pequeñas crónicas y comentarios y puede ayudarme a sostener la trama caótica que tengo la intención de hacer.
Podría empezar entonces por una compilación de obras de teatro medieval que compré hará unas dos semanas por internet, y que fui a buscar el lunes. Podría narrar de eso los ojos claros, hermosos del estudiante con el que concreté el intercambio en un cruce de avenidas rumbo a ninguna parte. O la extraña escena simétrica inmediatamente después, en un vagón del subte D, cuando me senté exactamente frente a una mujer que venía leyendo exactamente el mismo libro que yo. Sólo que ella era más vieja. Y su edición tenía, también, unos cuantos años más. Y que ella se bajó una estación antes.
Después estuvo el congreso en La Plata, claro, con su inquietantemente simétrico trazado de calles, con un paréntesis académico en este año de aislamiento intelectual severo.
Y la feria del libro oficial, de la que quiero escribir algunas palabritas aparte.
Y su espejo invertido, la FLIA, que merece estar en el mismo post aparte.
Tal vez no sería tan mala idea hacer ese post ahora.

1 comentario:

Javier Alejandro Toledo dijo...

yo digo que desarrolles todas esas experiencias.