jueves, 7 de mayo de 2009

Miscelánea

Buenos Aires es una ciudad más o menos chata, pero no del todo. 
Hoy al volver a casa desde el Instituto de Filología noté, por primera vez, en la sensación de estar acelerando involuntariamente el paso, que Díaz Vélez hacia el Oeste, por lo menos llegando a casa, está en bajada. Podría haber vivido toda mi vida como estos cinco años que llevo en el mismo departamento, sin darme cuenta, de no ser porque mi cuerpo hoy cansado y engripado agradece los declives y porque haber transitado un ratito antes la cuadra de Perón entre 25 de Mayo y Alem (¿de cuánto será el ángulo de esa cuadra? yo apuesto a 40º) hace que cualquiera quede más sensible al relieve del terreno. Y eso que es una bajadita importante, más o menos unos quince centímetros cada dos metros.
De haber tenido plata para comprarle pilas a mi mp3 probablemente habría cruzado la cuadra colgada en algún razonamiento insostenible que incluyera, por ejemplo, a Dionisio Aeropagita y a Bob Dylan, vagamente motivado por algo de lo que leí para mi reunión de estudio de hoy.
No sé bien qué hago escribiendo esto. Nunca vino más a cuento la cita del costado*. 





* En el momento de publicación: "Nada más fácil para un escritor que escribir sobre sí mismo; nada más aburrido que la vida de un escritor."

3 comentarios:

Isil dijo...

nada más dificil que hablar

mmmoira dijo...

esto te deschava como non-bicicletera. Cuando andás en bici por la ciudad, sabés de memoria la inclinación de todas las calles de la ciudad, con una precisión milimétrica. En la bici, de repente te das cuenta de que estás haciendo un mayor esfuerzo, mirás para la vereda y tenés que aguzar la mirada para notar que las puertas de los edificios tienen una (muy) leve diferencia respecto de la vereda.

Atenea dijo...

Y sí, tengo que admitir que el equilibrio de tortuga en zancos que tenía de chica hizo que nunca aprendiera a andar.