miércoles, 16 de mayo de 2007

Vida, obra y milagros

Atrás de las paredes, con vasos sobre el empapelado,
siguiendo el paso de las nubes detrás de los vidrios,
los confinados esperan.
Saben salir a andar con pies de ladrillo,
con bocas de sal, con párpados arrugados.
Saben decirte la hora si preguntás por favor,
y si no los espera una silla vacía en otra parte.
Cobran también su sueldo, todos los meses,
y se compran quesos, y gorros, y zapatos,
y pagan la cuenta de la luz, y escuchan guitarras,
y a veces hasta llegan a comerse las uñas, convencidos,
tan estúpidamente convencidos de que existen.

1 comentario:

Ary dijo...

Entonces, por arte de magia, existen.